Julio de 2010. La ocasión lo merecía. Hasta entonces este tipo de acontecimientos los seguíamos sin pasión, sin la emoción de ser parte implicada en el litigio. El país no se paralizaba, no se batían récords de audiencia y nunca había celebración al final. El único sentimiento era el de la envidia: envidia de Francia, Alemania, Brasil, Italia... Siempre acomplejados; por la historia, por los codazos de Tasotti, por los arbitrajes de "El-Gandul", por los penaltis que siempre nos paraba la presión... Siempre la misma historia. Hasta que un día nos decidimos a coger a la historia por los cuernos, matar o morir.
Desafiando a todo y a todos, contra viento y marea: trencillas de poco pelo, "maradonas" de boquilla, leñadores disfrazados de futbolistas, futbolistas disfrazados de leñadores... Había que creer y creímos, había que confiar y confiamos. Otros nos mostraron el camino: los Gasol, los Nadal, los Alonso... Y aprendimos la lección. Hasta que por fin la historia se dio la vuelta, capituló y nos obsequió con creces con todo lo que nos debía. Ahora sí hay pasión, ahora sí se desborda la emoción. Ya caen los récords de audiencia. El país andaba paralizado desde hace ya días, y más parálisis hubo aún con el pitido final. 1-0 y la Copa que siempre iba de turismo a otros países este verano se venía de vacaciones a España. Seguro que hasta ella lo estaba deseando, sabedora de las playas y la fiesta, del tinto de verano y del agua de Valencia, del sol y la noche. La noche...
La noche, refugio de festejos, de amores fugaces, o de amores mercenarios, que para gustos se hicieron los colores; refugio de acontecimientos aún por suceder, o de sueños ya cumplidos. A ella nos lanzamos: no todos los días se acuesta uno Campeón del Mundo. Porque todos jugamos, aunque sea desde el mando de la Play. La imagen es dantesca, el delirio instalado en el sistema operativo de las personas. La fuente de la Plaza sirve de puente de lavado para coches, los cuerpos son los rodillos. Ni los autobuses se salvan de la quema. No hay rivalidades, ganamos todos, no hay heridos, noche mágica. Mañana hay que trabajar, pero no me importa. Mañana seguiré en el paro, pero hoy no cuenta. Demasiado tengo encima como para no pegarme una pequeña alegría por una vez en mucho tiempo.
A la noche nos arrojamos y encomendamos, una semana más tarde. Albergue de mil historias para no dormir, almacén de besos robados y fotos absurdas. 400 km. al Este de ninguna parte, ansioso por desconectar de la vida real y probar otra prestada. Nos confabulamos con la Luna y nos apostamos con ella a ver quién se acuesta antes. Unas veces gana ella y otras veces nosotros. Pequeños triunfos, grandes batallas. Hasta Musa osa aparecer, se erige orgullosa, bella, hasta generosa. Me dedica unas frases, se muestra sonriente pero en el último momento me esquiva. Esta vez escapaste, pero estoy cerca de ti, lo presiento. Sólo es una batalla, aún quedan muchas. Sé que no me crees, pero eso dará más valor a la victoria, si se produce.
La noche acaba, es hora de recontar el botín. Ya habrá tiempo de atender a las víctimas a la mañana siguiente. Nada que el agua de mar no pueda curar. El día despunta y es hora de recuperar a las tropas. Estamos atacando bien, creemos y confiamos. Si 11 tíos detrás de un balón pueden, nosotros también. El Sol nos broncea, oscurece la piel, para vestirnos acorde con la oscuridad de lo que viene después: que de noche todos los gatos son pardos, o eso dicen. Y el color moreno a Musa le sienta tan bien... ¿Por dónde aparecerá hoy? Lo dejo en manos del azar y prefiero que la noche me sorprenda. Sin espectativas pero al cien por cien. Con los sentidos bien alerta y dispuestos a disfrutar otra noche de guerrillas sin heridos, de acontecimientos fugaces, de homenajes pasajeros, de himnos veraniegos condenados al ostracismo, de flores de un día y de vodka con naranja.
PD: Esta historia es pura ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.... o no.
miércoles, 28 de julio de 2010
lunes, 17 de mayo de 2010
Bélgica y el síndrome de Stendhal (crónica del viaje capicúa).
Un jueves cualquiera, sin planificación ninguna. 5 y pico de la mañana. Vuelo de Ryanair con destino a Bruselas-Charleroi. Caras de ilusión, cansancio y sueño. Ahí empezó todo. Lo bueno y los sustos.
Al final va a resultar que España no está tan mal. El transporte y la infraestructura que conecta el aeropuerto con la ciudad de Charleroi y ésta con la capital, Bruselas, deja algo que desear. Vale que no sea céntrico ni neurálgico, pero quizá sus usuarios merezcan mejor suerte. Para colmo nos vendieron los billetes de tren equivocados. Resultado: multazo en el tren e invalidación de nuestro ticket. ¡Pues empezamos bien! La periferia de Bruselas desde el tren nos muestra, en general, un panorama lejano al idílico de cualquier país del Benelux. Más parecía que llegábamos a Santa Eugenia o Pitis. Bajón...
Llegada a Bruselas. Dábamos por perdidos 75 € sin haber ni siquiera deshecho las maletas. Pero un par de caras de pena y una enorme expresión de turistas perdidos obraron la remontada. Multa devuelta y un nuevo pack de 10 viajes en tren, ¡y encima nos devuelven 18 €! Subidón...
Dejamos los equipajes y nos dedicamos a recorrer Bruselas. En pocos minutos Todo Lo Malo nos es compensado con creces: la Grand Place se erige ante nosotros, majestuosa, preciosa, casi mareante. A partir de ahí, todo valía. Manneken Pis, Catedrales góticas, el Palacio Real, el de Justicia, jardines de ensueño... Pero la extraña sensación de que no estamos en una ciudad acogedora. No parece la capital de Europa, como nos la vendieron. Aún así merece la pena perderse por su centro histórico.
El Atomium asoma camino de Lovaina, como diciéndonos: "Eeeh, no os olvidéis de mí". Tranquilo, no nos olvidamos, compañero. Tan brillante, moderno y orgulloso, ¿cómo vamos a perdonarte la vida? Pero primero tenemos un país entero que recorrer. Lovaina nos asombra con su Ayuntamiento, una fachada apuntada y recargada hasta el extremo, espléndida, con su Grote Markt respectiva. Calles acogedoras que me recuerdan a Amsterdam y un ambiente universitario saludable. De lo mejor para vivir. De lo mejor para visitar. De lo mejor para ir de fiesta.
Brujas y Gante... Gante y Brujas... ¿Con cuál quedarse? Dos ciudades que parecen emerger de entre sendos cuentos medievales. Stendhal, al que pude mantener a raya tras la visita por Bruselas, acecha ahora tras cada esquina, amenazándome con dejarme tieso al doblar la siguiente esquina. Brujas, canales, torres sin fin, plazas majestuosas, cuento de hadas... Gante, catedrales que harían cosquillas al mismo Dios si existiese, muelles preciosistas, un Van Eyck convertido en escultura, espíritu medieval... El subidón hace cumbre.
Amberes, también esplendorosa, sobre todo por su enorme catedral, la mayor de Flandes. Y por su plaza mayor, con fachadas que llenaban de color hasta el cielo más gris que nos encontramos hasta la fecha. Bandas de música que nada tenían que envidiar a tanto subproducto de OT (más bien todo lo contrario). La estación de tren, otra preciosidad, tanto por dentro como por fuera.
De Flandes a Valonia. Lieja y Namur. Lieja sorprende nada más llegar. La estación tiene la inequívoca firma de Santiago Calatrava: mucha luz, predominio del blanco y formas casi imposibles. La catedral, emblema de la ciudad (tampoco estaría de más que la pasaran un paño, porque mierda tenía para regalar) y algunas cosas más. Desde luego sale perdiendo comparada con lo demás. Namur: interesante y acogedora. Vistas increíbles de la ciudad desde lo alto de la Ciudadela, el Pont Des Jambes... lo más flamenco de la parte no flamenca del país.
Y mucha cerveza, y mucho chocolate. Que no falte. Y patatas fritas (sí, esa es la comida típica). Y retrasos en el tren (da lo mismo, no tenemos prisa). Nota: nunca tratéis de colaros en el tren, os pillarán fijo, el revisor pasa sí o sí. Otra cosa es el Metro...
Último subidón: lunes por la mañana. Cumplimos la amenaza. Vamos a por el Atomium. Sesión de fotos final, hay que quemar las últimas naves. El viaje ha sido tan bonito... Cada foto nos acerca más al fin, Stendhal por fin parece que nos dejará volver a nuestra rutina diaria en Madrid. Pero el volcán islandés aún tenía cosas por decir. Tren Bruselas-Charleroi, una última mirada atrás, nos despedimos de todo un país. Comienza el bajón...
Llegada a Charleroi, donde todo empezó y donde se debía librar la última batalla. Nuestro vuelo se va quedando sin puerta de embarque. Retrasos, cancelaciones, mosqueos... Valladolid, Sevilla, el de Madrid de las seis y media... cancelados, "due to bad weather conditions". En ese momento me acuerdo de Islandia y del señor que le puso el nombre al maldito volcán. Bajón...
PD: Al final, y con casi 5 horas de retraso aparecemos por Madrid-Barajas. Las mismas caras de ilusión, cansancio y sueño que hace 5 días. El viaje capicúa llegó a su fin. Bélgica y Stendhal aún me sobrecogen, aunque ahora en diferido.
Al final va a resultar que España no está tan mal. El transporte y la infraestructura que conecta el aeropuerto con la ciudad de Charleroi y ésta con la capital, Bruselas, deja algo que desear. Vale que no sea céntrico ni neurálgico, pero quizá sus usuarios merezcan mejor suerte. Para colmo nos vendieron los billetes de tren equivocados. Resultado: multazo en el tren e invalidación de nuestro ticket. ¡Pues empezamos bien! La periferia de Bruselas desde el tren nos muestra, en general, un panorama lejano al idílico de cualquier país del Benelux. Más parecía que llegábamos a Santa Eugenia o Pitis. Bajón...
Llegada a Bruselas. Dábamos por perdidos 75 € sin haber ni siquiera deshecho las maletas. Pero un par de caras de pena y una enorme expresión de turistas perdidos obraron la remontada. Multa devuelta y un nuevo pack de 10 viajes en tren, ¡y encima nos devuelven 18 €! Subidón...
Dejamos los equipajes y nos dedicamos a recorrer Bruselas. En pocos minutos Todo Lo Malo nos es compensado con creces: la Grand Place se erige ante nosotros, majestuosa, preciosa, casi mareante. A partir de ahí, todo valía. Manneken Pis, Catedrales góticas, el Palacio Real, el de Justicia, jardines de ensueño... Pero la extraña sensación de que no estamos en una ciudad acogedora. No parece la capital de Europa, como nos la vendieron. Aún así merece la pena perderse por su centro histórico.
El Atomium asoma camino de Lovaina, como diciéndonos: "Eeeh, no os olvidéis de mí". Tranquilo, no nos olvidamos, compañero. Tan brillante, moderno y orgulloso, ¿cómo vamos a perdonarte la vida? Pero primero tenemos un país entero que recorrer. Lovaina nos asombra con su Ayuntamiento, una fachada apuntada y recargada hasta el extremo, espléndida, con su Grote Markt respectiva. Calles acogedoras que me recuerdan a Amsterdam y un ambiente universitario saludable. De lo mejor para vivir. De lo mejor para visitar. De lo mejor para ir de fiesta.
Brujas y Gante... Gante y Brujas... ¿Con cuál quedarse? Dos ciudades que parecen emerger de entre sendos cuentos medievales. Stendhal, al que pude mantener a raya tras la visita por Bruselas, acecha ahora tras cada esquina, amenazándome con dejarme tieso al doblar la siguiente esquina. Brujas, canales, torres sin fin, plazas majestuosas, cuento de hadas... Gante, catedrales que harían cosquillas al mismo Dios si existiese, muelles preciosistas, un Van Eyck convertido en escultura, espíritu medieval... El subidón hace cumbre.
Amberes, también esplendorosa, sobre todo por su enorme catedral, la mayor de Flandes. Y por su plaza mayor, con fachadas que llenaban de color hasta el cielo más gris que nos encontramos hasta la fecha. Bandas de música que nada tenían que envidiar a tanto subproducto de OT (más bien todo lo contrario). La estación de tren, otra preciosidad, tanto por dentro como por fuera.
De Flandes a Valonia. Lieja y Namur. Lieja sorprende nada más llegar. La estación tiene la inequívoca firma de Santiago Calatrava: mucha luz, predominio del blanco y formas casi imposibles. La catedral, emblema de la ciudad (tampoco estaría de más que la pasaran un paño, porque mierda tenía para regalar) y algunas cosas más. Desde luego sale perdiendo comparada con lo demás. Namur: interesante y acogedora. Vistas increíbles de la ciudad desde lo alto de la Ciudadela, el Pont Des Jambes... lo más flamenco de la parte no flamenca del país.
Y mucha cerveza, y mucho chocolate. Que no falte. Y patatas fritas (sí, esa es la comida típica). Y retrasos en el tren (da lo mismo, no tenemos prisa). Nota: nunca tratéis de colaros en el tren, os pillarán fijo, el revisor pasa sí o sí. Otra cosa es el Metro...
Último subidón: lunes por la mañana. Cumplimos la amenaza. Vamos a por el Atomium. Sesión de fotos final, hay que quemar las últimas naves. El viaje ha sido tan bonito... Cada foto nos acerca más al fin, Stendhal por fin parece que nos dejará volver a nuestra rutina diaria en Madrid. Pero el volcán islandés aún tenía cosas por decir. Tren Bruselas-Charleroi, una última mirada atrás, nos despedimos de todo un país. Comienza el bajón...
Llegada a Charleroi, donde todo empezó y donde se debía librar la última batalla. Nuestro vuelo se va quedando sin puerta de embarque. Retrasos, cancelaciones, mosqueos... Valladolid, Sevilla, el de Madrid de las seis y media... cancelados, "due to bad weather conditions". En ese momento me acuerdo de Islandia y del señor que le puso el nombre al maldito volcán. Bajón...
PD: Al final, y con casi 5 horas de retraso aparecemos por Madrid-Barajas. Las mismas caras de ilusión, cansancio y sueño que hace 5 días. El viaje capicúa llegó a su fin. Bélgica y Stendhal aún me sobrecogen, aunque ahora en diferido.
domingo, 25 de abril de 2010
Zanjando-ando (A rey muerto...)
Nunca pretendí que lo fuese, pero la frase acabó siendo premonitoria. Ya lo dijo aquél: "Ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad". Y yo aquella mañana, en un tono que pretendía ser más jocoso que anhelante, expresé mis sentimientos:
"En mi próxima vida quiero ser animal del Faunia: dormir, comer, ponerme trofollo y que de vez en cuando me dejen a solas con alguna hembra en celo."
Y mis plegarias fueron escuchadas, y de repente lo mecánico y lo tecnológico sintieron celos de mi repentino cambio de preferencias. El primero en satisfacer mis deseos fue el Saxete, que intentó inmolarse sin éxito mediante la técnica del reventón kamikaze. Y digo yo: les costará mucho señalizar una puta zanja? Según mis cuentas ni 100 €... Encuentro la redención en forma de lecciones de cambio de rueda de repuesto, partidas de mus y ajedrez para distraer la tensión del momento (gracias Alma y alrededores!) y ruedas nuevas.
Marrón en el curro: es viernes y me ponen dos proyectos para el miércoles siguiente.
- Hay proyecto? (Pregunto, iluso de mí)
- No, viene esta tarde.
- ... perooo... esta tarde no estamos aquí, es viernes.
- Pues el lunes lo tienes y haces lo que puedas. (traducción simultánea: vas a echar más horas que un reloj).
Dicho y hecho. Llega el lunes:
- Aquí está el proyecto. Ponte con él.
- Peroooo... el presupuesto no está en Excel. Va a ser un coñazo.
- Ya...
- Y son todo hojas escaneadas, no puedo seleccionar texto.
- Ya...
- Entonces?...
- Pues como en los viejos tiempos.
Pues eso, como en los viejos tiempos: calculadora y paciencia. Sólo me faltaba tener que echar cuentas con ábacos.
Todavía estoy reflexionando acerca de mi asombrosa capacidad para aglutinar marrones a mi alrededor cuando mi ordenador, o parte de él, dice "se acabó". A ojos vista mi fiel compañero en cruzadas anti-SGAE y partidas de Worms, TOCA y similar, decide unilateralmente finalizar la relación. Arguye problemas de edad y me exige una jubilación. Y para incrementar la presión de sus demandas decide comportarse erráticamente, con frecuentes paradas cardiorrespiratorias y una lentitud exagerada. Decido prescindir de sus servicios, sabedor de que, aunque logre convencerle para que se quede a mi lado un poco más, poco tiempo de trayectoria profesional le queda. Además, se ha ganado a pulso una vida mejor.
A rey muerto...
Rey puesto.
"En mi próxima vida quiero ser animal del Faunia: dormir, comer, ponerme trofollo y que de vez en cuando me dejen a solas con alguna hembra en celo."
Y mis plegarias fueron escuchadas, y de repente lo mecánico y lo tecnológico sintieron celos de mi repentino cambio de preferencias. El primero en satisfacer mis deseos fue el Saxete, que intentó inmolarse sin éxito mediante la técnica del reventón kamikaze. Y digo yo: les costará mucho señalizar una puta zanja? Según mis cuentas ni 100 €... Encuentro la redención en forma de lecciones de cambio de rueda de repuesto, partidas de mus y ajedrez para distraer la tensión del momento (gracias Alma y alrededores!) y ruedas nuevas.
Marrón en el curro: es viernes y me ponen dos proyectos para el miércoles siguiente.
- Hay proyecto? (Pregunto, iluso de mí)
- No, viene esta tarde.
- ... perooo... esta tarde no estamos aquí, es viernes.
- Pues el lunes lo tienes y haces lo que puedas. (traducción simultánea: vas a echar más horas que un reloj).
Dicho y hecho. Llega el lunes:
- Aquí está el proyecto. Ponte con él.
- Peroooo... el presupuesto no está en Excel. Va a ser un coñazo.
- Ya...
- Y son todo hojas escaneadas, no puedo seleccionar texto.
- Ya...
- Entonces?...
- Pues como en los viejos tiempos.
Pues eso, como en los viejos tiempos: calculadora y paciencia. Sólo me faltaba tener que echar cuentas con ábacos.
Todavía estoy reflexionando acerca de mi asombrosa capacidad para aglutinar marrones a mi alrededor cuando mi ordenador, o parte de él, dice "se acabó". A ojos vista mi fiel compañero en cruzadas anti-SGAE y partidas de Worms, TOCA y similar, decide unilateralmente finalizar la relación. Arguye problemas de edad y me exige una jubilación. Y para incrementar la presión de sus demandas decide comportarse erráticamente, con frecuentes paradas cardiorrespiratorias y una lentitud exagerada. Decido prescindir de sus servicios, sabedor de que, aunque logre convencerle para que se quede a mi lado un poco más, poco tiempo de trayectoria profesional le queda. Además, se ha ganado a pulso una vida mejor.
A rey muerto...
Rey puesto.
sábado, 20 de marzo de 2010
El bueno de Maroto
Y de repente la tristeza se cernió sobre el Centro Penintenciario de Cáceres 2. El interno número 67.682 recibía el tercer grado penintenciario dos años y medio después. Era una tarde de marzo fría y lluviosa, lo que acrecentó la sensación de vacío y añoranza que desde entonces asola a todos los miembros del penal (reclusos, guardias, personal sanitario, etc.). Y es que no es más grande el que más espacio ocupa, sino el que más vacío deja cuando se marcha.
El bueno de Maroto Antúnez ingresó en prisión por un delito que no recuerda haber cometido: violar sistemáticamente a todas y cada una de las 137 ovejas del rebaño de D. Jimeno Garrobo, propietario de la finca adyacente a la de Maroto. En declaraciones a la Policía y a la prensa locales, D. Jimeno comentaba no entender la actitud de las ovejas hacia él de un tiempo a esta parte, notándolas más distantes y huidizas. Actitud que contrastaba con la alegría con la que recibían al vecino de la finca de al lado.
Por su parte, Maroto no recordaba nada de todo aquello. En parte porque la memoria nunca fue su fuerte (es amnésico) y en parte por su preocupante afición a probar todo tipo de drogas blandas. En declaraciones a la Policía afirmó: "la noche de autos cogí tal melopea que podría haberme beneficiado incluso a la mesa blanca del jardín, con ese agujero tan grande para la sombrilla que parece ir provocando". Nunca se pudo demostrar su culpabilidad, pero la justicia rural es así y fue condenado 6 años en base a indicios... Y también por encontrarse en posesión de estupefacientes y por conducir borracho su tractor por la carretera del pueblo a las 4 de la mañana. Actos que tampoco recuerda haber cometido por las razones expuestas anteriormente.
El interno 67.682 ingresó en prisión un veintitantos de octubre, o quizá fue a primeros de noviembre, tanto da. Él tampoco lo recuerda con nitidez. Una tremenda sonrisa le acompañó desde el Juzgado de Instrucción nº 1 del pueblo hasta su celda, la número 261. Entre tanto, dedicó bonitas palabras a todo el mundo: juez, jurado, letrados, D. Jimeno, funcionarios de la prisión, otros reclusos... Cuando le encerraron en su celda por primera vez, obsequió con una bonita poesía a su compañero de celda. Éste, agradecido, le correspondió con un sonoro eructo que le puso el pelo rubio al instante y unas sentidas palabras que fueron las siguientes:
"Peazo maricón, si vuelves a referirte a mí en semejantes términos te meto el palo de fregar por el culo, aunque a lo mejor acaba gustándote la experiencia..."
Lejos de amilanarse, se esforzó por conocer a todos y cada uno de los presos del Cáceres 2, compartir sus experiencias e incluso obsequiarles con consejos para su vida diaria cuando abandonasen el recinto. Consoló a los arrepentidos, reprochó con dulzura a los insensibles. Dedicaba inumerables horas a, por este orden: leer, escuchar música (especialmente Beethoven) y escribir. Pronto, todos los miembros de la comunidad recibieron un manuscrito dedicado, provocando infinitos gestos de admiración y agradecimiento a D. Maroto. Hasta su compañero de celda, D. Andrés Benavente, acabó sucumbiendo ante sus encantadores modales y excelentes formas. Incluso recibió de buena gana el alias que le puso Maroto de "Chewbacca", por la inhumana cantidad de vello corporal que le copaba.
Hablaba con todos los guardias y hacía más soportables los turnos de noche para éstos, incluso le permitían participar en timbas de mus, póker, pocha o lo que se terciara en la garita. El tiempo pasaba volando cuando estabas a su lado. Enfermeras, limpiadoras... Hasta el alcaide iba a visitarle una vez en semana, agradecido por haber logrado sacar a su hijo del armario y acabar con tanta rumorología en torno a su familia.
Desprendía un halo de bondad y buen rollo. Nada era demasiado grave a su lado. Ningún delito parecía alevoso. Muchos lo atribuyen a su inseparable cigarrito de marihuana (medicinal, eso sí, y prescrita por su médico), otros a su sonrisa y carácter bonachón y tremendamente amistoso. El caso es que Maroto parecía feliz allí dentro y como él todos los habitantes del módulo. Una felicidad que solamente turbaba la visita de su mujer o, en palabras del mismo interno, "la vaca burra esa con la que me casé un día que estaba de pedo, Diosss, cómo me arrepiento, ustedes han visto ese bigote? joder, he visto morsas más apetecibles, en qué coño estaría pensando?". Aunque luego siempre admitía que, a pesar de su evidente falta de atractivo, era una buena mujer: cumplidora, buena ama de casa, aseada... Y daba gracias a dios por su amnesia y no tener que recordar las 24 horas del día al adefesio con el que se casó hace ya 8 años... O eran 9? Ya no se acuerda. Tampoco él recuerda que es otro adefesio, si cabe mayor aún: cejijunto, medio calvo, un poco bizco, ligeramente cojo y apenas superaba el 1'65 de estatura.
Y de repente un día, la felicidad se marchó para siempre. El bueno de Maroto recibió el tercer grado. Le redujeron la pena a más de la mitad por su buen comportamiento. Por eso y también porque en la garita empezaban a hartarse de que les desplumara en cada timba de cartas. Aún así nunca se lo reprocharon. Todo era felicidad, como se ha explicado previamente... Hasta que se fue. Lágrimas, abrazos, bajones de azúcar... Hasta "Chewbacca", que dicho sea de paso fue condenado a 40 años por asesinar a varias personas porque "le habían mirado raro y un duende le dijo que los quemara por ser gentuza", lloró emocionado. Una pancarta rezaba en lo alto del penal: "ADIOS MAROTO TE HECHAREMOS DE MENOS" (la ortografía no es el punto fuerte de los reclusos). El bueno de Maroto se emocionó y prometió visitarles en cuanto pudiera.
PD: Lo primero que hizo al llegar a su casa fue encenderse un cigarrito, ponerse tibio de vodka y hacer el amor desenfrenadamente con su mujer en el pajar. ¿O quizá no era su mujer? ¿Acaso era su casa? (su amnesia le hacía confundir su parcela con la del vecino). Tanto le daba. A los 5 minutos, una sirena de la Policía le hizo sentir una inquietante sensación de déjà vu. A los 6 lo olvidó todo. A las 2 horas sintió que la promesa que le hizo a Cáceres 2 estaba próxima a cumplirse. ¿Un cigarrito, agente?
El bueno de Maroto Antúnez ingresó en prisión por un delito que no recuerda haber cometido: violar sistemáticamente a todas y cada una de las 137 ovejas del rebaño de D. Jimeno Garrobo, propietario de la finca adyacente a la de Maroto. En declaraciones a la Policía y a la prensa locales, D. Jimeno comentaba no entender la actitud de las ovejas hacia él de un tiempo a esta parte, notándolas más distantes y huidizas. Actitud que contrastaba con la alegría con la que recibían al vecino de la finca de al lado.
Por su parte, Maroto no recordaba nada de todo aquello. En parte porque la memoria nunca fue su fuerte (es amnésico) y en parte por su preocupante afición a probar todo tipo de drogas blandas. En declaraciones a la Policía afirmó: "la noche de autos cogí tal melopea que podría haberme beneficiado incluso a la mesa blanca del jardín, con ese agujero tan grande para la sombrilla que parece ir provocando". Nunca se pudo demostrar su culpabilidad, pero la justicia rural es así y fue condenado 6 años en base a indicios... Y también por encontrarse en posesión de estupefacientes y por conducir borracho su tractor por la carretera del pueblo a las 4 de la mañana. Actos que tampoco recuerda haber cometido por las razones expuestas anteriormente.
El interno 67.682 ingresó en prisión un veintitantos de octubre, o quizá fue a primeros de noviembre, tanto da. Él tampoco lo recuerda con nitidez. Una tremenda sonrisa le acompañó desde el Juzgado de Instrucción nº 1 del pueblo hasta su celda, la número 261. Entre tanto, dedicó bonitas palabras a todo el mundo: juez, jurado, letrados, D. Jimeno, funcionarios de la prisión, otros reclusos... Cuando le encerraron en su celda por primera vez, obsequió con una bonita poesía a su compañero de celda. Éste, agradecido, le correspondió con un sonoro eructo que le puso el pelo rubio al instante y unas sentidas palabras que fueron las siguientes:
"Peazo maricón, si vuelves a referirte a mí en semejantes términos te meto el palo de fregar por el culo, aunque a lo mejor acaba gustándote la experiencia..."
Lejos de amilanarse, se esforzó por conocer a todos y cada uno de los presos del Cáceres 2, compartir sus experiencias e incluso obsequiarles con consejos para su vida diaria cuando abandonasen el recinto. Consoló a los arrepentidos, reprochó con dulzura a los insensibles. Dedicaba inumerables horas a, por este orden: leer, escuchar música (especialmente Beethoven) y escribir. Pronto, todos los miembros de la comunidad recibieron un manuscrito dedicado, provocando infinitos gestos de admiración y agradecimiento a D. Maroto. Hasta su compañero de celda, D. Andrés Benavente, acabó sucumbiendo ante sus encantadores modales y excelentes formas. Incluso recibió de buena gana el alias que le puso Maroto de "Chewbacca", por la inhumana cantidad de vello corporal que le copaba.
Hablaba con todos los guardias y hacía más soportables los turnos de noche para éstos, incluso le permitían participar en timbas de mus, póker, pocha o lo que se terciara en la garita. El tiempo pasaba volando cuando estabas a su lado. Enfermeras, limpiadoras... Hasta el alcaide iba a visitarle una vez en semana, agradecido por haber logrado sacar a su hijo del armario y acabar con tanta rumorología en torno a su familia.
Desprendía un halo de bondad y buen rollo. Nada era demasiado grave a su lado. Ningún delito parecía alevoso. Muchos lo atribuyen a su inseparable cigarrito de marihuana (medicinal, eso sí, y prescrita por su médico), otros a su sonrisa y carácter bonachón y tremendamente amistoso. El caso es que Maroto parecía feliz allí dentro y como él todos los habitantes del módulo. Una felicidad que solamente turbaba la visita de su mujer o, en palabras del mismo interno, "la vaca burra esa con la que me casé un día que estaba de pedo, Diosss, cómo me arrepiento, ustedes han visto ese bigote? joder, he visto morsas más apetecibles, en qué coño estaría pensando?". Aunque luego siempre admitía que, a pesar de su evidente falta de atractivo, era una buena mujer: cumplidora, buena ama de casa, aseada... Y daba gracias a dios por su amnesia y no tener que recordar las 24 horas del día al adefesio con el que se casó hace ya 8 años... O eran 9? Ya no se acuerda. Tampoco él recuerda que es otro adefesio, si cabe mayor aún: cejijunto, medio calvo, un poco bizco, ligeramente cojo y apenas superaba el 1'65 de estatura.
Y de repente un día, la felicidad se marchó para siempre. El bueno de Maroto recibió el tercer grado. Le redujeron la pena a más de la mitad por su buen comportamiento. Por eso y también porque en la garita empezaban a hartarse de que les desplumara en cada timba de cartas. Aún así nunca se lo reprocharon. Todo era felicidad, como se ha explicado previamente... Hasta que se fue. Lágrimas, abrazos, bajones de azúcar... Hasta "Chewbacca", que dicho sea de paso fue condenado a 40 años por asesinar a varias personas porque "le habían mirado raro y un duende le dijo que los quemara por ser gentuza", lloró emocionado. Una pancarta rezaba en lo alto del penal: "ADIOS MAROTO TE HECHAREMOS DE MENOS" (la ortografía no es el punto fuerte de los reclusos). El bueno de Maroto se emocionó y prometió visitarles en cuanto pudiera.
PD: Lo primero que hizo al llegar a su casa fue encenderse un cigarrito, ponerse tibio de vodka y hacer el amor desenfrenadamente con su mujer en el pajar. ¿O quizá no era su mujer? ¿Acaso era su casa? (su amnesia le hacía confundir su parcela con la del vecino). Tanto le daba. A los 5 minutos, una sirena de la Policía le hizo sentir una inquietante sensación de déjà vu. A los 6 lo olvidó todo. A las 2 horas sintió que la promesa que le hizo a Cáceres 2 estaba próxima a cumplirse. ¿Un cigarrito, agente?
sábado, 27 de febrero de 2010
Asturies
Mirada hacia abajo. Respiración cortada. Media un abismo entre nosotros y el mar. Un Cantábrico extrañamente calmado bate incansable el Cabo de Peñas. Sabe perfectamente que la clave no reside solamente en su fuerza, sino también en la persistencia de sus acciones. Golpea, fatiga y moldea a su gusto y de manera paciente, sabedor de que dispone de miles y millones de años para ganar milímetro tras milímetro una batalla tan brutal como invisible. Y allí estábamos nosotros, testigos mudos del encuentro entre tierra y mar, un encuentro que vivía un extraño momento de impasse. Desde lo alto, sin querer interferir en el resultado final de una batalla que se resolverá mucho más allá del final de nuestros tiempos.
Asturias sobrecoge, no sólo por la belleza de sus ciudades, no sólo por la extrema amabilidad de su gente, no sólo por la excelente gastronomía, sino también (y me atrevería a decir que sobre todo) por la espectacularidad de sus paisajes: un tremendo contraste entre intrincados paisajes montañosos y agradables zonas costeras resuelto sin apenas transición entre ambos. Los acantilados se suceden por toda la costa, como si de graderías se tratase, aptas para vivir la enésima contienda entre la hidráulica y la estática.
Mirada hacia abajo. Cosquilleo en el estómago. Aroma de revolución en mi interior, un intento de combatir la acrofobia y el vértigo posterior. Merece la pena guardar los miedos en el mueble-bar del hotel cuando la vista es tan privilegiada. Me crezco e imagino ser Napoleón. En mi mente y desde lo alto, Ribadesella, Llanes y otras tantas se rinden a nuestros pies. Dominamos la ciudad a nuestro antojo. Un dominio efímero pero que resulta inmortalizado en una multitud de fotos e imágenes grabadas a fuego en la mente.
Un aroma de revolución que empezó a manifestarse en Irlanda, continuó su expansión en Carnavales y amenaza con extenderse también durante Marzo. Revolución que cambió los hábitos, las gentes, las compañías, abrió las ventanas y ventiló el ambiente emponzoñado por las secuelas de tanto fuego. Ahora no hay marcha atrás, la ruleta está girando y poco o nada se puede hacer, salvo confiar en la suerte. Doble o nada. All-in.
Estimada ciclogénesis: gracias. Sin tu colaboración nada de ésto habría sido posible. Gracias, porque tras largo tiempo nublados pudimos darnos cuenta de que detrás de las nubes existía un sol abrasador, que tras el fuego viene la purificación, que todo error merece redención. Nuestro error fue contar con tus vientos y mareas y el tuyo no discernir más allá del blanco o negro. La más mínima corriente de aire frío te sirve para hacer detonar una tormenta, y soplas hasta reventar. Lo has hecho siempre, bien es cierto que con buena intención, descargando donde más falta hacía tu agua, pero esta vez no mediste los efectos del temporal: inundaste el norte y dejaste que el sur muriese de sed. Y el daño ya está hecho, y el recuerdo imborrable. Jamás volverás a ser tan bien recibida como antes.
Asturias sobrecoge, no sólo por la belleza de sus ciudades, no sólo por la extrema amabilidad de su gente, no sólo por la excelente gastronomía, sino también (y me atrevería a decir que sobre todo) por la espectacularidad de sus paisajes: un tremendo contraste entre intrincados paisajes montañosos y agradables zonas costeras resuelto sin apenas transición entre ambos. Los acantilados se suceden por toda la costa, como si de graderías se tratase, aptas para vivir la enésima contienda entre la hidráulica y la estática.
Mirada hacia abajo. Cosquilleo en el estómago. Aroma de revolución en mi interior, un intento de combatir la acrofobia y el vértigo posterior. Merece la pena guardar los miedos en el mueble-bar del hotel cuando la vista es tan privilegiada. Me crezco e imagino ser Napoleón. En mi mente y desde lo alto, Ribadesella, Llanes y otras tantas se rinden a nuestros pies. Dominamos la ciudad a nuestro antojo. Un dominio efímero pero que resulta inmortalizado en una multitud de fotos e imágenes grabadas a fuego en la mente.
Un aroma de revolución que empezó a manifestarse en Irlanda, continuó su expansión en Carnavales y amenaza con extenderse también durante Marzo. Revolución que cambió los hábitos, las gentes, las compañías, abrió las ventanas y ventiló el ambiente emponzoñado por las secuelas de tanto fuego. Ahora no hay marcha atrás, la ruleta está girando y poco o nada se puede hacer, salvo confiar en la suerte. Doble o nada. All-in.
Estimada ciclogénesis: gracias. Sin tu colaboración nada de ésto habría sido posible. Gracias, porque tras largo tiempo nublados pudimos darnos cuenta de que detrás de las nubes existía un sol abrasador, que tras el fuego viene la purificación, que todo error merece redención. Nuestro error fue contar con tus vientos y mareas y el tuyo no discernir más allá del blanco o negro. La más mínima corriente de aire frío te sirve para hacer detonar una tormenta, y soplas hasta reventar. Lo has hecho siempre, bien es cierto que con buena intención, descargando donde más falta hacía tu agua, pero esta vez no mediste los efectos del temporal: inundaste el norte y dejaste que el sur muriese de sed. Y el daño ya está hecho, y el recuerdo imborrable. Jamás volverás a ser tan bien recibida como antes.
domingo, 14 de febrero de 2010
Caperucitas feroces, cuerpazos de policía y cumpleaños.
Empezamos bien. Ronaldo le casca 2 chicharros al colista. Son casi las 10:00 PM y nuestra habitual puntualidad se hace patente un sábado más. Habíamos quedado media hora antes pero a las diez en punto aún quedaba la mitad de gente por llegar. Serán los típicos atascos del sábado por la noche...
Se suceden las tapas y los platos vacíos se acumulan en el centro de la mesa. Propongo que cenar sin manos sea considerado deporte olímpico. España tendría asegurado ahí un oro en la modalidad de "ahora diga usted Pamplona". A veces pienso que mi capacidad de autohumillación es demasiado elevada, pero eso se soluciona rápidamente con dos tercios de Mahou.
Un grupo de tunos descontrolados entona con más voluntad que acierto un cumpleaños feliz. Un Robin Hood desubicado hace los coros y yo, que pasaba por allí, me limito a disfrutar de la escena. El magnate recibe por ¿error? los regalos de la pelirroja y viceversa. El entuerto se soluciona rápidamente ejecutando una sencilla permutación que aún no sabemos si dejó satisfechos a ambos homenajeados.
Tras arrasar el local y ser amablemente desalojados del mismo nos dirigimos a los baretos de marcha, si es que algo de ella sobrevive de nuestros tiempos de estudiantes de BUP y COU. Don Carnal nos obsequia con recintos abarrotados de gente, poca vergüenza y mucho calor (Joaquín Reyes diría que estaba lleno de gañanes hasta la cencerreta). Una oportunidad única de conocer a "celebrities" como Bender o Jack Sparrow. La abeja "Amaya" revolotea feliz y contagia su felicidad a todo el mundo. Un grupo reducido de Caperucitas Feroces causan estragos entre los lobos domesticados del lugar. Ratitas presumidas que pierden el móvil, gatitas que ojalá me maullaran y "ronronearan" al oído...
Y de repente la autoridad competente se infiltra en la fiesta. ¡Cómo está el cuerpo! Lejos de amedrentar a la congruencia, ésta se crece y arremolina a su alrededor. Me encantaría poder presentar una denuncia por robo... por haberme robado el corazón y hasta la poca vergüenza que me queda. Pero está claro quién llevaría las de perder en un hipotético litigio. No obstante logro arrancarle una sonrisa, toda vez que quedó claro que de chantajes "el cuerpo" no quería saber nada.
Son las 4 y volvemos a ser desalojados de otro local. Mi cuerpo quiere seguir de fiesta pero mis pies se niegan rotundamente. La solución evidente sería arrancarme los pies pero, tras profundas deliberaciones, llego a la conclusión de que los necesito de algún modo para seguir haciendo vida normal. Nos vamos a otro sitio.
¡Con la Iglesia hemos topado! Somos recibidos en el nuevo recinto por el mismo Papa de Roma... Bueno, o el Papá de Amor, que tal y como están los tiempos ya no me atrevo a realizar afirmaciones tajantes. Otro cuerpo, en este caso el de bomberos, intenta sofocar el fuego que nos arde dentro, aunque lo que consiguen es combustionarnos más aún. Somos inmortalizados con cámaras de vídeo y fotos procedentes de la fiesta privada, que sospechamos que algo tiene que ver con Cuatro TV. Enfermera, qué mal me siento...
Son las 7 de la mañana. Si fuese verano ya habría amanecido. Si fuese un día entre semana estaría levantándome para irme a currar. Curiosa concepción del espacio-tiempo, curiosa reflexión tras casi 9 horas de juerga que ya tocan a retirada. Apesto a tabaco y la boca me sabe a cartón, pero mereció la pena. Es el contrapunto de pasarlo tan bien, el precio a pagar. Muchachos: lo hemos "petao". La próxima, que sea cuanto antes.
PD: Gracias por la comilona, muchach@s. Que cumpláis muchos más y que las celebraciones se sucedan de igual manera, aunque nos cuesten la salud... mental y/o física.
Se suceden las tapas y los platos vacíos se acumulan en el centro de la mesa. Propongo que cenar sin manos sea considerado deporte olímpico. España tendría asegurado ahí un oro en la modalidad de "ahora diga usted Pamplona". A veces pienso que mi capacidad de autohumillación es demasiado elevada, pero eso se soluciona rápidamente con dos tercios de Mahou.
Un grupo de tunos descontrolados entona con más voluntad que acierto un cumpleaños feliz. Un Robin Hood desubicado hace los coros y yo, que pasaba por allí, me limito a disfrutar de la escena. El magnate recibe por ¿error? los regalos de la pelirroja y viceversa. El entuerto se soluciona rápidamente ejecutando una sencilla permutación que aún no sabemos si dejó satisfechos a ambos homenajeados.
Tras arrasar el local y ser amablemente desalojados del mismo nos dirigimos a los baretos de marcha, si es que algo de ella sobrevive de nuestros tiempos de estudiantes de BUP y COU. Don Carnal nos obsequia con recintos abarrotados de gente, poca vergüenza y mucho calor (Joaquín Reyes diría que estaba lleno de gañanes hasta la cencerreta). Una oportunidad única de conocer a "celebrities" como Bender o Jack Sparrow. La abeja "Amaya" revolotea feliz y contagia su felicidad a todo el mundo. Un grupo reducido de Caperucitas Feroces causan estragos entre los lobos domesticados del lugar. Ratitas presumidas que pierden el móvil, gatitas que ojalá me maullaran y "ronronearan" al oído...
Y de repente la autoridad competente se infiltra en la fiesta. ¡Cómo está el cuerpo! Lejos de amedrentar a la congruencia, ésta se crece y arremolina a su alrededor. Me encantaría poder presentar una denuncia por robo... por haberme robado el corazón y hasta la poca vergüenza que me queda. Pero está claro quién llevaría las de perder en un hipotético litigio. No obstante logro arrancarle una sonrisa, toda vez que quedó claro que de chantajes "el cuerpo" no quería saber nada.
Son las 4 y volvemos a ser desalojados de otro local. Mi cuerpo quiere seguir de fiesta pero mis pies se niegan rotundamente. La solución evidente sería arrancarme los pies pero, tras profundas deliberaciones, llego a la conclusión de que los necesito de algún modo para seguir haciendo vida normal. Nos vamos a otro sitio.
¡Con la Iglesia hemos topado! Somos recibidos en el nuevo recinto por el mismo Papa de Roma... Bueno, o el Papá de Amor, que tal y como están los tiempos ya no me atrevo a realizar afirmaciones tajantes. Otro cuerpo, en este caso el de bomberos, intenta sofocar el fuego que nos arde dentro, aunque lo que consiguen es combustionarnos más aún. Somos inmortalizados con cámaras de vídeo y fotos procedentes de la fiesta privada, que sospechamos que algo tiene que ver con Cuatro TV. Enfermera, qué mal me siento...
Son las 7 de la mañana. Si fuese verano ya habría amanecido. Si fuese un día entre semana estaría levantándome para irme a currar. Curiosa concepción del espacio-tiempo, curiosa reflexión tras casi 9 horas de juerga que ya tocan a retirada. Apesto a tabaco y la boca me sabe a cartón, pero mereció la pena. Es el contrapunto de pasarlo tan bien, el precio a pagar. Muchachos: lo hemos "petao". La próxima, que sea cuanto antes.
PD: Gracias por la comilona, muchach@s. Que cumpláis muchos más y que las celebraciones se sucedan de igual manera, aunque nos cuesten la salud... mental y/o física.
viernes, 5 de febrero de 2010
Eire
Viernes. Ocho y pico de la tarde. El personal del aeropuerto, con su habitual "presteza", decide por fin abrir la puerta de embarque B21 de la Terminal T1. El pasillo nos lleva directamente a un autobús atestado de gente. Cómo cambian los tiempos, Venancio: ahora se puede ir a Irlanda por carretera, y yo sin enterarme! Minutos después el trayecto finaliza, demasiado pronto. Mi decepción es patente: aún no hemos llegado a Irlanda, pero sí al Boeing 737 que nos llevará hasta Dublín. Para colmo de males, al piloto se le cala el avión, otro ratito de retraso. Dos horas después nos encontramos sobrevolando espacio aéreo irlandés. El aterrizaje no se puede calificar de perfecto y se elevan unos cuantos murmullos. Más aún cuando descubrimos que para llegar a la terminal tenemos que caminar por la pista unos metros. Total: casi una hora de retraso. Enciendo el móvil y tomo oxígeno*.
Irlanda nos recibe con el Aerophort (Aeropuerto en gaélico) en obras y un frío notable pero típico de enero, qué esperábamos? La primera parada es, of course, un McDonalds para cenar. La siguiente, faltaría más, Temple Bar. Música en directo, prohibido fumar en el interior, buen ambiente... y pintas a 6 €. En mi paraíso particular la Guinness quizá sería un poco más barata, por lo demás es una gozada.

Sábado. Ocho y pico de la mañana. O eran las nueve? Dichosa hora menos... A patearnos la ciudad. El frío no amaina y pronto nuestros dedos, orejas y narices son sustituidos por témpanos de hielo. Hay "free tour" a cargo de una morena española. Trinity College, Dublinia, Christ Church Cathedral... Con ella nos sumergimos en mil años de historia: participamos en revueltas populares, nos resignamos ante cientos de victorias inglesas y por fin en 1921 proclamamos la independencia de la isla... Bueno, no de toda: los 6 condados que hoy forman Irlanda del Norte aún pertenecen a la "pérfida albión".
Saturday Night: toca quemar la noche pero me retiro del partido poco después de comenzarlo. El frío pasa factura en forma de resfriado y dolor muscular intenso. Pido el cambio al entrenador, que me sustituye por, a saber: un chino, un brasileño y una koreana. En el "hostel" descubro que el cuarto compañero de habitación es un finlandés llamado Kimmo. Me pregunto: hay algún irlandés en Irlanda o todos somos de fuera? Capitulo ante Morfeo...
Domingo: turismo por el interior del país. Lagos, dólmenes, pueblos típicos, cementerios celtas, parajes y panorámicas de ensueño (a pesar de la niebla y la nieve), anécdotas de la historia de Irlanda a cargo del conductor del bus que sirven para practicar inglés... Y el desarrollo de un extraño poder: caer dormido irremisiblemente cuando suena música celta.
Lunes: la vista panorámica con que nos obsequia el Gravity Bar, en lo más alto de la Guinness Storehouse, es espectacular. Todo Dublín se rinde ante mis pies. Se suceden las fotos y los gestos de exaltación de la amistad. Minutos antes fuimos obsequiados con una pequeña muestra de Guinness y con la posibilidad de tirar nuestra propia pinta (e incluso obtener un certificado por ello!), lo que explica tan espontánea efusividad. El avión nos espera en unas pocas horas y un sentimiento de pena empieza a aflorar. El martes toca currar otra vez, qué pereza...
Cosas notables/curiosas:
1º. St. Patrick's. Si la época medieval te pone, si el gótico te emociona, si te gusta la arquitectura, no dejes de visitar Irlanda. Y mucho menos la Catedral de San Patricio. Una maravilla. San Patricio es el patrón de Irlanda y su fiesta nacional es el 17 de marzo.

San Patricio, además, es patrón de Murcia, Nigeria, la isla británica de Montserrat... y de los ingenieros!
2º. Kilkenny. Ciudad del interior del país de unos 30.000 habitantes. Conocida por tener uno de los castillos más famosos de la isla. Merece la pena perderse un día entero por allí.

3º. Irlanda es el primer país del mundo cuyo símbolo oficial es un instrumento musical, en este caso el arpa. Aparece en todas partes, por ejemplo en las monedas de euro.

El símbolo oficial de Guinness también es el arpa. Para evitar que se identificase al país con la bebida se optó por darle la vuelta a una de las arpas.

Pero me temo que aun así seguiremos identificando a los irlandeses como unos borrachines, adorables pero borrachines.
4º. El deporte nacional es, además de la "barra fija", el rugby. De hecho Guinness es el patrocinador oficial del Torneo 6 Naciones, algo así como la Champions del rugby. Hay otro deporte nacional: el "hurling". Es una mezcla de rugby, fútbol y hockey. 15 contra 15 y se juega en un campo de rugby. Es tan raro que no está reconocido como deporte internacionalmente, aunque están intentando que lo sea. Kilkenny ha ganado el campeonato nacional las últimas cuatro ediciones.
Cosas inexplicables:
1º. Allí en invierno hace frío, pero debe ser que las irlandesas ya están aclimatadas a ello y no muestran pudor alguno en mostrar sus curvas y sus escotes, lo que provoca malestares masculinos y comentarios que van desde el babeo habitual a la admiración por su resistencia a las bajas temperaturas.
2º. Advierto: lo que sigue ahora es una pequeña ración de machismo gratuito. Las irlandesas... Hay de todo pero, en general, para un amante de las curvas como yo las irlandesas son mujeres muy atractivas. A este dato añádasele su afición a la bebida, la fiesta y su carácter abierto (en general, y especialmente de noche, puedes entablar una conversación con cualquier persona que pase por Temple Bar, conocida tuya o no, porque son tremendamente amigables). Pues aun así... Un grupo de españoles intentó ligarse a la guía del "free tour"! Coño, te vas a nosecuántos kilómetros de casa para intentar ligar con una española? Con lo ricas que son las irlandesas? Inexplicable...
3º. Conducen por la izquierda... Vale, esto no es muy inexplicable, pero lo que sí sorprende es que tienen la misma manía que los conductores españoles: "si la carretera tiene 3 carriles, yo conduzco por el de en medio". Con dos cojones!
4º. Trinity College hasta hace poco más de dos siglos era una universidad solamente para hombres, es más, sólo podían estudiar en ella protestantes. Las rencillas y las rivalidades religiosas de la época eran tales que un día a la semana los estudiantes (protestantes) tenían derecho a disparar desde sus habitaciones a cuantos católicos se cruzasen por delante de su ventana.
Conclusión: Irlanda mola. Y como no sé muy bien cómo acabar esta parrafada me voy al frigorífico a beberme una Guinness, así que ahí os quedáis!
* La red de móvil con la que conectó allí mi móvil fue O2, de ahí el juego de palabras tan lamentable.
Irlanda nos recibe con el Aerophort (Aeropuerto en gaélico) en obras y un frío notable pero típico de enero, qué esperábamos? La primera parada es, of course, un McDonalds para cenar. La siguiente, faltaría más, Temple Bar. Música en directo, prohibido fumar en el interior, buen ambiente... y pintas a 6 €. En mi paraíso particular la Guinness quizá sería un poco más barata, por lo demás es una gozada.
Sábado. Ocho y pico de la mañana. O eran las nueve? Dichosa hora menos... A patearnos la ciudad. El frío no amaina y pronto nuestros dedos, orejas y narices son sustituidos por témpanos de hielo. Hay "free tour" a cargo de una morena española. Trinity College, Dublinia, Christ Church Cathedral... Con ella nos sumergimos en mil años de historia: participamos en revueltas populares, nos resignamos ante cientos de victorias inglesas y por fin en 1921 proclamamos la independencia de la isla... Bueno, no de toda: los 6 condados que hoy forman Irlanda del Norte aún pertenecen a la "pérfida albión".
Saturday Night: toca quemar la noche pero me retiro del partido poco después de comenzarlo. El frío pasa factura en forma de resfriado y dolor muscular intenso. Pido el cambio al entrenador, que me sustituye por, a saber: un chino, un brasileño y una koreana. En el "hostel" descubro que el cuarto compañero de habitación es un finlandés llamado Kimmo. Me pregunto: hay algún irlandés en Irlanda o todos somos de fuera? Capitulo ante Morfeo...
Domingo: turismo por el interior del país. Lagos, dólmenes, pueblos típicos, cementerios celtas, parajes y panorámicas de ensueño (a pesar de la niebla y la nieve), anécdotas de la historia de Irlanda a cargo del conductor del bus que sirven para practicar inglés... Y el desarrollo de un extraño poder: caer dormido irremisiblemente cuando suena música celta.
Lunes: la vista panorámica con que nos obsequia el Gravity Bar, en lo más alto de la Guinness Storehouse, es espectacular. Todo Dublín se rinde ante mis pies. Se suceden las fotos y los gestos de exaltación de la amistad. Minutos antes fuimos obsequiados con una pequeña muestra de Guinness y con la posibilidad de tirar nuestra propia pinta (e incluso obtener un certificado por ello!), lo que explica tan espontánea efusividad. El avión nos espera en unas pocas horas y un sentimiento de pena empieza a aflorar. El martes toca currar otra vez, qué pereza...
Cosas notables/curiosas:
1º. St. Patrick's. Si la época medieval te pone, si el gótico te emociona, si te gusta la arquitectura, no dejes de visitar Irlanda. Y mucho menos la Catedral de San Patricio. Una maravilla. San Patricio es el patrón de Irlanda y su fiesta nacional es el 17 de marzo.
San Patricio, además, es patrón de Murcia, Nigeria, la isla británica de Montserrat... y de los ingenieros!
2º. Kilkenny. Ciudad del interior del país de unos 30.000 habitantes. Conocida por tener uno de los castillos más famosos de la isla. Merece la pena perderse un día entero por allí.
3º. Irlanda es el primer país del mundo cuyo símbolo oficial es un instrumento musical, en este caso el arpa. Aparece en todas partes, por ejemplo en las monedas de euro.

El símbolo oficial de Guinness también es el arpa. Para evitar que se identificase al país con la bebida se optó por darle la vuelta a una de las arpas.

Pero me temo que aun así seguiremos identificando a los irlandeses como unos borrachines, adorables pero borrachines.
4º. El deporte nacional es, además de la "barra fija", el rugby. De hecho Guinness es el patrocinador oficial del Torneo 6 Naciones, algo así como la Champions del rugby. Hay otro deporte nacional: el "hurling". Es una mezcla de rugby, fútbol y hockey. 15 contra 15 y se juega en un campo de rugby. Es tan raro que no está reconocido como deporte internacionalmente, aunque están intentando que lo sea. Kilkenny ha ganado el campeonato nacional las últimas cuatro ediciones.
Cosas inexplicables:
1º. Allí en invierno hace frío, pero debe ser que las irlandesas ya están aclimatadas a ello y no muestran pudor alguno en mostrar sus curvas y sus escotes, lo que provoca malestares masculinos y comentarios que van desde el babeo habitual a la admiración por su resistencia a las bajas temperaturas.
2º. Advierto: lo que sigue ahora es una pequeña ración de machismo gratuito. Las irlandesas... Hay de todo pero, en general, para un amante de las curvas como yo las irlandesas son mujeres muy atractivas. A este dato añádasele su afición a la bebida, la fiesta y su carácter abierto (en general, y especialmente de noche, puedes entablar una conversación con cualquier persona que pase por Temple Bar, conocida tuya o no, porque son tremendamente amigables). Pues aun así... Un grupo de españoles intentó ligarse a la guía del "free tour"! Coño, te vas a nosecuántos kilómetros de casa para intentar ligar con una española? Con lo ricas que son las irlandesas? Inexplicable...
3º. Conducen por la izquierda... Vale, esto no es muy inexplicable, pero lo que sí sorprende es que tienen la misma manía que los conductores españoles: "si la carretera tiene 3 carriles, yo conduzco por el de en medio". Con dos cojones!
4º. Trinity College hasta hace poco más de dos siglos era una universidad solamente para hombres, es más, sólo podían estudiar en ella protestantes. Las rencillas y las rivalidades religiosas de la época eran tales que un día a la semana los estudiantes (protestantes) tenían derecho a disparar desde sus habitaciones a cuantos católicos se cruzasen por delante de su ventana.
Conclusión: Irlanda mola. Y como no sé muy bien cómo acabar esta parrafada me voy al frigorífico a beberme una Guinness, así que ahí os quedáis!
* La red de móvil con la que conectó allí mi móvil fue O2, de ahí el juego de palabras tan lamentable.
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