domingo, 6 de diciembre de 2009
Fuego.
Fuego. No parece tu mejor momento del día. Pero aguantas con la esperanza de que la noche se vaya enderezando. Sin embargo las chispas no dejan de surgir. Y acaban por prender en tu mente y en tu ánimo. Y yo, torpe de mí, sin nada a mano para apagar la llamarada que consume tu buen humor, encima derramo un bidón de gasolina de esos que un día de verano me prestó una niña llamada Lisbeth Salander. Te consumes y me quedo sin palabras. La nieve aparece, milagrosa y radiante, y me ayuda a encontrar las palabras entre bolazos y fotografías de Cotos. El fuego se extingue pero aún sigo pensando cómo puedo ser tan idiota a veces.
Fuego. Miradas que derriten. Ardores de estómago. Manos que se entrelazan, abrazos que se prolongan. Hasta que ambas respiraciones se sincronizan. Dos corazones latiendo como uno. Tabernas irlandesas que suministran amparo a uniones fugaces y no tan fugaces. Celebramos que formáis una pareja estupenda y nos dedicamos a lo nuestro. Pero no todos los días son fiesta y Musa decide que hoy está demasiado sobria como para hacerme caso. Toca retirada. Se avecina tormenta, lo sabemos, y aún nos explicamos por qué mañana tiene que llover. El hombre del tiempo, carente de puente y errático en sus predicciones, clama venganza y nos hace la guerra por su cuenta. Pero mucho tiene que llover para apagar el fuego, vuestro fuego, aquél que bendijimos en el Museo del Jamón.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Espectacular.
Nadie daba crédito a lo que veía. En el bar todo el mundo se frotaba los ojos y bebía para olvidar lo sucedido. Minutos después, yo salía despedido por una ventana del local mientras las sillas volaban de un lado para otro. Es lo que tienen los "derbis": sacan lo peor de cada uno. Concretamente, a mí me sacaron del bar.
Recupero el conocimiento en el coche de unos amigos. Les pregunto si me van a llevar al hospital y me responden que a donde vamos no necesitamos hospitales, ni medicinas. Que el Líder es infinitamente bondadoso y sabio y sabrá cómo disponer de mí. Me tranquilizaría más que me llevaran a cualquier sala de urgencias y protestaría, pero me duele demasiado la cabeza para ello y además a los colegas se les ve muy convencidos. Me rindo y vuelvo a dormirme. Tengo un sueño erótico y, acto seguido, una erección. Despierto besando el reposabrazos trasero.
Tras aclararme la boca y desalojar de la misma los pelos de la tapicería nos adentramos en el chalé. Nada más entrar nos despojan de nuestras ropas y nos obsequian con una bata blanca. Hay varias fotos de un tipo que no sé quién es en todas partes pero huele a limpio. Espero que aquí puedan atenderme y curarme. Mi decepción se hace patente en el momento en que alguien enciende un proyector y pone una película aburridísima de ese tal Líder. Vuelvo a quedarme frito. Despierto entre un mar de loas y alabanzas al Señor del Séptimo Cielo, artífice de la Salvación Perpetua. Aparece un señor con gafas de sol. Inmediatamente le reconozco: es el de las fotos. Nos invita a un cóctel y a un último rezo en pro de la Salvación. La oración es un coñazo y el cóctel huele a alcantarilla. Aún así la gente está entusiasmada y bebe sin moderación. "Como se entere la Benemérita se pone las botas con estos", me da por pensar. Doy de beber a una planta que había por allí y me largo tras sortear a varios exaltados.
Robo... perdón, tomo prestado el coche de mi colega y vuelvo a la ciudad. Aparco en una parada de autobuses (total, el coche no es mío...) y mando un SMS a un colega contándole lo sucedido y preguntándole por qué él no se había apuntado al fiestón de mis colegas. Los bares siguen ardiendo y algunos están ahorcando peleles que recuerdan a varios miembros de la primera plantilla del Madrid. En ese preciso momento pienso en ti y sufro otra erección. Me encantaría dormir contigo esta noche, curiosear entre tus piernas y olisquear tu pelo enmarañado a la luz de la lámpara de una mesilla. Pero sé que eso es imposible y tu imagen hace aflorar en mis ojos un mar de lágrimas; el recuerdo del spray anti-violadores de la última vez que nos vimos aún está muy fresco. Aún así no me doy por vencido y te mando un mensaje. Tu respuesta es inmediata: "q t foye 1 pez, pdazo d kbron.djame n paz d 1 puta vz,kaxo mirda.puto maniatico d los webs.la prxima vz t mto l spray x l culo". Vuelvo a llorar...
Rendido aparezco en casa. Decido empezar aquél libro que me compré hace tres años por recomendación de un programa de radio que nada tenía que ver con el noble arte de la prosa. La cosa promete: un apestoso mono defeca ante decenas de curiosos. Sabe que es su minuto de gloria y decide prolongar el show: ante el deleite de los presentes deglute con fulgor parte de sus propios excrementos y el resto lo arroja a la congregación formada a su alrededor. Todos aplauden entusiasmados. Espectacular.
P.D.: Al día siguiente la plantilla del Madrid fue fusilada en la Plaza Mayor. Quien ordenó los disparos fue un tal Ramón Calderón. Los periódicos además abrían con la noticia de la desarticulación de una secta que planeaba un suicidio masivo en un chalé de las afueras. Los jóvenes allí presentes fueron rescatados y salvaron la vida gracias a un SMS que recibió un colega picoleto y un oportuno lavado de estómago con Ajax Pino.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Ya viene la guerra...
Se llaman 30 Seconds To Mars. Son un grupo norteamericano de rock [añádasele la etiqueta que a cada cuál le plazca o llene] formado por tres miembros. El vocalista, llamado Jared Leto, es un ovo-lacto vegetariano (cágate lorito) actor de Hollywood pero, según la leyenda, rechaza tocar en locales que aprovechen tal circunstancia para promocionar el evento. Su hermano, Shannon, es el batería.
Llevan dos discos de estudio publicados desde 2002, en muy pocas semanas lanzan el tercero: This Is War. Entre tanto, han publicado ya el primer single: Kings & Queens. Y con ello el preceptivo videoclip, un corto de unos 6 minutos (excluyendo títulos de crédito y demás) realmente brillante.
Las líneas maestras del grupo son una instrumentación impecable, una voz desgarradora, melodías contundentes y letras elaboradas. No llegan a la dureza de My Chemical Romance pero sin duda son mucho más agradables que el último e inexplicable disco de Linkin Park, por ejemplo. La estética es marcadamente "emo" y tal influencia creo que se refleja fielmente en el estilo musical. Ejecutan videoclips muy elaborados y llamativos, como no podía ser de otra manera teniendo a un actor de cine al frente.
Para quien no sepa quién demonios es ese tal Jared Leto: su papel más meritorio fue en Alejandro Magno, donde interpretaba a Hefestión (compañero de batallas del susodicho, encarnado por Colin Farrell). También intervino en El Club De La Lucha, American Psycho, La Habitación Del Pánico, El Señor De La Guerra (con Nicholas Cage), Réquiem Por Un Sueño, etc. Le tachan de sex symbol (más o menos como yo), aunque prefiero que sean mis Musas las que opinen acerca de tal condición.
Para ellos, la guerra empezó en 1998, año en el que comenzaron su andadura en el mundo de la música. Para mí empieza mañana. Mi temporada como "rookie" se ha acabado, la bici ya no tiene ruedines y el suelo está ahora más duro y lleno de cristales. Sólo espero que tras cada caída haya una levantada. Y seguir adelante y luchando, que para eso me entrené y por eso es una guerra. Os dejo con otro brillante vídeo y single extraídos del anterior disco. Que tengáis una feliz semana.
PD: Especialmente tú, Musa anónima y efímera que el viernes osaste compartir borrachera, saliva y piel con un ser como yo. Puede que no te vuelva a ver, tampoco me importa, pero ya estás en mi lista de noches para el recuerdo.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Cinco Punto Cero.
29 de octubre. Saladitos por cuenta de la casa. Intentamos contactar con John Galliano para que nos diseñe una pancarta conmemorativa. Las negociaciones fracasan. Llamamos al autor del nuevo plano del Metro. Sus bocetos no nos convencen (no me reconozco entre ángulos tan estrictamente rectos y, además, mi oreja izquierda no tiene correspondencia con la línea 3). Llamamos a Fernando, el becario. En 5 minutos y con Paint ejecuta el trabajo. El resultado es impecable dadas las circunstancias y el coste es mínimo para las maltrechas arcas de la empresa. Musa se ríe de mí argumentando que muy pronto echaré de menos la época estudiantil-becaria (a buenas horas).
30 de octubre. Fiesta de la cerveza. Con ese nombre es imposible que algo salga mal. Reencuentro con viejas amistades, a saber: un antiguo compañero del colegio, la novia de un antiguo compañero del colegio, las amigas de la novia de un antiguo compañero del colegio... Salchichas alemanas, mostaza y ketchup, patatas fritas, música en directo... Y Paulaner a 7 euros el litro. Debo estar en el paraíso. Un señor de Bruselas arroja un avioncito kamikaze de papel. Me da a mí. Se escusa diciendo que quería darle a otra persona. Pide perdón en una mezcla de español, italiano e inglés. Todos reímos, alguien enciende un porro y de repente todos nos acordamos de que alguna vez fuimos a Ámsterdam y lo pasamos de la hostia. A la salida Madrid está centrifugándose y Musa decide regatearme y coger el Metro.
31 de octubre. Halloween. El espíritu de Freddy Kruger empieza a apoderarse de mi cuerpo. Comienza por las extremidades inferiores, va subiendo por el tronco, copa las extremidades superiores y, cuando la transformación está a punto de culminarse mi madre cambia de canal y pone Viernes 13. Jason culmina el trabajo, en contra de mi voluntad. Y es que con la máscara se hacen complicadas determinadas cosas básicas como, por ejemplo: comer, beber, respirar o ligar. Musa me trastorna y confunde. Catwoman me seduce con felina discreción. Una pitonisa me lee el futuro que sucedió hace tres semanas. Una monja me da su bendición y mucha comida. Frankenstein en realidad era Joker, un par de hombres del clero clavan un hacha en la cabeza de un enfermo y sorprendentemente ninguna oveja resulta violada (todo lo contrario que el puf de Ikea). Decido no beber más, con estas visiones ya tengo suficiente.
1 de noviembre. GP de Abu Dhabi. Pedro Picapiedra acaba 14º. El TroncomóvilGP no da para más. La carrera la gana Pierre Nodoyuna, aunque Penélope Glamour ha apelado a los jueces. Sostiene que el Súper Ferrari del sr. Nodoyuna tiene trucado el difusor trasero y provoca efecto suelo. Se abre una investigación. Mientras tanto, el calvo de La Sexta (anteriormente el calvo de Telecinco) se lamenta de la mala suerte que tienen los pilotos españoles y llora a moco tendido cuando Pedro anuncia que cambia de equipo para el año que viene. La emoción es superior a sus fuerzas. Jamás se vio una historia de amor tan bonita en la máxima competición. Musa sigue dándome esquinazo y decido escribir estas líneas sin su ayuda. Espero sus comentarios y reproches.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Un día normal.
6.45 AM. Un señor al que me cuesta reconocer irrumpe en mi cuarto, poniendo fin de esa manera a un sueño maravilloso en el que algunas veces me toca una quiniela, otras un coche, otras una mujer… Dice ser mi padre y hacerlo por mi bien, para que no me duerma. ¡A lo mejor lo que quiero es precisamente eso, dormir!
6.50 AM. Retomo mi frenética actividad: penetrar en fases REM y concebir fugazmente intrigas irreales, pero felices.
7.15 AM. Suena el despertador. Decido apagarlo y apurar 5 minutos más.
7.20 AM. Suena el despertador. Decido apagarlo y apurar otros 5 minutos más.
7.25 AM. Suena el despertador.
7.26 AM. Un despertador es arrojado al vacío. El alboroto que esto causa me obliga a levantarme y a pedir disculpas por mi mal humor mañanero, por otra parte habitual. Procedo a prepararme un suculento desayuno.
8.00 AM. Cojo el autobús. Como no hay sitio libre decido viajar en el maletero como parte del equipaje, junto a un ecuatoriano, un nigeriano y tres señores de Bucarest. El espacio es escaso, no hay aire acondicionado y el conductor toma las curvas a velocidades poco recomendables hasta para un coche de rallies. Pero al menos no viajo de pie ni en las rodillas del conductor.
8.30 AM. Maltrecho por los golpes del equipaje, los extranjeros y las paredes del raquítico compartimento me dirijo al Metro.
8.32 AM. Monto en el tercer vagón. La sensación es igual de agobiante que en el maletero del bus.
8.35 AM. Nos desalojan del tren debido a una incidencia en la línea. Al parecer debida a que una señora se ha puesto a tender la ropa en la catenaria de la estación de República Argentina. Ésta aduce que no puede hacerlo en su ventana como venía haciendo habitualmente debido a la lluvia y apela a la voluntad y comprensión de las buenas gentes que utilizan el transporte público.
8.40 AM. Una vez solucionada la incidencia retomamos el viaje. Metro pide disculpas a sus clientes por los retrasos e inconvenientes creados.
8.50 AM. Tras otras tres detenciones irregulares, una de ellas provocada por una furgoneta de reparto aparcada en doble fila en pleno andén, llego a mi destino. Cojo una espátula y con ella me deshago de los cuerpos que, entre calores y apreturas, han quedado adheridos a mis ropas en el vagón. Salgo a la superficie.
9.00 AM. Entro a la oficina. Saludo al personal. El personal me devuelve el saludo y yo les devuelvo el desayuno. Tanto ajetreo me ha afectado al sistema digestivo. Es normal por otra parte. La muchacha de la limpieza celebra el alumbramiento; por fin tiene trabajo de verdad, y no lo que estaba haciendo hasta ahora.
9.02 AM. Enciendo el ordenador.
9.06 AM. Presiono “ctrl+alt+supr”.
9.13 AM. Introduzco mi nombre de usuario y contraseña.
9.26 AM. Tras un acalorado debate con mi compañero Fernando en el que se discutía acerca del tamaño de los pechos de dos actrices de renombre y de la calidad individual de Cristiano Ronaldo, Messi y Agüero descubro que mi ordenador acaba de cargar el “putowindowsdeloscojones XP”. Hago clic en el icono del correo.
9.32 AM. La bandeja de entrada se abre por fin y me anuncia que tengo 5 mensajes nuevos. Abro el primer mensaje.
9.36 AM. Imprimo el primer mensaje. Abro el segundo.
9.45 AM. Error fatal al tratar de mandar el segundo mensaje a “Correo No Deseado”. Reseteo el ordenador.
9.54 AM. Tras un par de puñetazos a la CPU y otros tantos gritos ahogados pido asilo político en el ordenador de enfrente. Imprimo los correos que me quedaban por leer.
9.55 AM. La impresora no tenía papel. Maldigo la dejadez del personal y cargo de papel la bandeja número 1. Abandono la estancia con el botín, que asciende a 9 folios impresos por una cara.
10.00 AM. Tras una hora de duro trabajo abro un archivo pdf al azar y fijo la vista en un punto sito entre la pantalla del ordenador y el infinito.
10.05 AM. Para aparentar que soy un miembro productivo tecleo al azar y muevo el ratón de forma errática. Sin querer he mandado amenazas de muerte a varios de mis contactos. Procedo a redactar emails de disculpa a todos y cada uno de los afectados.
10.30 AM. No hay nadie vigilando mi pantalla del ordenador. Abro marca.com.
10.35 AM. No hay nadie vigilando mi pantalla del ordenador. Abro as.com.
11.00 AM. Mi compañero Fernando me arranca el teclado de la cara. Me he quedado dormido tecleando formula1.coooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
11.02 AM. Celebro que sigo vivo desayunando en el bar de abajo. Zumo, bollo y café: 3 €. Menú del día: 9,20 €. Verle el escote a la camarera: no tiene precio.
11.45 AM. Reconfortados por el suculento desayuno nos reincorporamos a la oficina. Mi jefe está sodomizando a la telefonista y la chica de mi derecha se queja del frío que hace en agosto mientras enciende el calefactor. Me enjaretan 8 gigas de información. Todo debe estar listo para dentro de 48 horas. Todo normal.
11.47 AM. El presupuesto de la obra está mal. Habrá que trabajar el doble. Celebro el acontecimiento al grito de “esta tía es gilipollas”.
12.58 PM. Pasando a limpio el Capítulo 3 del Presupuesto sufro una erección. Miro hacia abajo y pregunto: “¿Qué coño has visto tú que no haya visto yo?”.
14.00 PM. Hora de comer. Menú del día: sucedáneo de espaguetis con sucedáneo de tomate y filete de sucedáneo de ternera. Bebida, pan correoso y postre caducado de marzo de 2008 al irrisorio precio de 9,50 €. Todo un lujo.
15.15 PM. Finalizan tanto la pitanza como la tertulia vespertina. Se retoma la actividad.
17.46 PM. He vuelto a quedarme dormido. Lo atestigua una ventana del explorador de Internet que jura por dios que no encuentra la página telefonica.es/empreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeesdfzcsf
17.49 PM. Me dirijo al baño. Me miro al espejo. Procedo a desincrustar la tecla “R” de mi ojo derecho.
18.26 PM. Finaliza la intervención quirúrgica con éxito. Procedo a sacarme la barra espaciadora del oído izquierdo.
18.40 PM. Tras un par de arcadas la intervención se realiza a plena satisfacción del cliente. Vuelvo a mi sitio. Reubico la tecla “R” y la barra espaciadora en su sitio. Advierto con desazón que faltan más teclas.
18.43 PM. Sólo m falta una tcla por ncontrar. Mnos mal qu ya quda mnos para irm a casa.
18.49 PM. Yaheencontadolateclaquemefaltaba,perolabarraespaciadorasehadesacopladodesulugar.
18.53 PM. He ReCoMpUeStO El tEcLaDo PoR FiN, pErO HaY uNa LuZ qUe No dEjA dE PaRpAdEaR. NO lE DoY iMpOrTaNcIa aL hEcHo.
19.00 PM. Fin de la jornada laboral. Vuelta a casa. Cojo el Metro nuevamente.
19.20 PM. Cojo de nuevo el bus. Hay sitios de sobra, lo que es recibido por los ocupantes con sorpresa y gritos de alegría. Alguien descorcha una botella de champaña y se la ofrece al conductor, que la acepta de buen grado.
21.28 PM. Tras un bonito periplo por la Comunidad de Madrid y en sentido contrario de la circulación, aparezco en casa. Devoro la cena.
22.25 PM. Saco un nuevo despertador del cajón. Miro el correo de los amigos, miro el SPAM. El SPAM gana por goleada, 12 a 1, como a Malta en el 82.
22.27 PM. Miro el facebook.
22.30 PM. Miro el tuenti.
03.42 AM del día siguiente. Intenso dolor de cuello y sabor a teclado Logitech en la boca. Creo que es hora de dormir. Hasta mañana si dios quiere, y si no quiere me da igual (Siniestro Total dixit).
viernes, 25 de septiembre de 2009
Paísss (Parafraseando a Forges)
Martes, 22 de septiembre. He vuelto a fracasar. A 100 metros de la meta. Se veía venir: si lo único de lo que eres capaz en un examen es poner tu nombre (y a duras penas) significa que la cosa está muy dura, como diría Nacho Vidal. Resultado: 4 aprobados y el resto, hasta unos 60 alumnos, con cara de tonto. Unos más que otros. Y yo más que los unos. Otra tropelía más que añadir a una larga lista de jugarretas (entre ellas, un par de suspensos con 4,9). El cabreo despierta.
Tras conversar con un profesor llego a la conclusión de que en realidad les importo lo mismo que un trozo de mierda en pleno centro de la Castellana. Que mejor acudir al Tribunal y que él decida si me licencio ahora o el año que viene. Siempre es mejor eso que preocuparse del alumnado y molestarse en orientarle. ¿Hacerle la vida más fácil? Ya ves tú, con lo bien que se vive en el despacho sin tener que soportar, ora a los mocosos de segundo año, ora a los números de matrícula (en ocasiones muy) por debajo del 21.000. El cabreo aumenta considerablemente.
Está bien, reconozcamos las cosas: disto mucho de ser un alumno modelo. Unas veces por incompatibilidad de horarios y otras porque la carne es débil y sucumbe fácilmente. Pero el esfuerzo está ahí y nadie puede negarlo. Podría haber hecho más por un lado, pero posiblemente me condenaría por el otro (hágase el símil siguiente: tratar de taparse con una manta pequeña; si te tapas la cabeza no te llega a cubrir los pies y viceversa). Y yo no soy uno de esos cerebritos que avanzan a curso por año o que acaban en 7 u 8 años, especímenes estos bastante raros de encontrar, por otra parte. Y para colmo, vivo a 45 minutos de cualquier parte, por lo que cualquier esfuerzo suplementario implica casi 2 horas de más en el transporte público. Pero eso ellos no lo saben, y no les importa lo más mínimo. Con lo que el cabreo ya tiene dimensiones casi históricas.
Pero es normal: nadie nos valora. Somos unos desgraciados. Construimos, dirigimos, nos jugamos la cara ya desde la época universitaria, luchamos contra todo y más. Y nadie nos lo reconoce, salvo que te llames Florentino o te apellides Villar-Mir, por ejemplo. Pero nos da lo mismo. Nuestro trabajo, nuestro mérito y nuestro orgullo nos lo quedamos para nosotros. Dejemos que los focos atonten y confundan a los mediocres mientras que los demás trabajamos y sacamos las castañas del fuego.
Asistamos, pues, al lamentable espectáculo que presenta nuestro amado país. La clase dirigente pierde la vergüenza al ritmo que se pierden los empleos. Algunos dan clases de política internacional y se olvidan que tienen lo nacional hecho unos zorros. La oposición culpa al gobierno, éste a la crisis, ah no, que no hay crisis, pues la culpa es de la oposición. Finalmente se decide que la culpa sea de las nubes por no llover todo lo que debían y todos hozan y se revuelcan de alegría en su propia charca. Antes muerto que abandonar el sillón, escaño o cualquier otro artefacto que dote de notoriedad.
Sigue considerándose “Fiesta Nacional” coger a un toro y atravesarlo con lanzas y/o apalearlo hasta la muerte. O prenderle fuego a las astas y echar a correr delante de sus narices. Si eso lo hiciéramos con perros o gatos, seguro que pensaríamos que es una atrocidad, pero como es un toro y “total, si no es en el campo, lo iban a matar en una plaza”, pues da lo mismo. “Si los crían para eso”, grita un intelectual con boina. ¿Seguro que el toro no preferiría aparearse regularmente con una vaca y comer pasto hasta reventar?, me pregunto yo.
Y con tanto nivel intelectual es normal que afloren personalidades de tercera con sueldos de primera. Ahora la heroína es una señora que en su día se la chupó a un torero y lleva viviendo de ello desde entonces. ¿Estudios? No, gracias. Con los modales más exquisitos que se hayan exhibido nunca demuestra a todo el que ve Tele5 que ella no es una amante despechada mientras los intelectuales con los que comparte plató apoyan sus argumentos con refinadas sentencias. Alguien llama “hijo de puta” a un tercero, se responde con un sonoro “pedazo de mierda”, dos se levantan y se castigan el costado a base de puñetazos y patadas, todos gritan como simios en celo y los dirigentes de la telebasura se frotan las manos. ¡Otro puntito de “share” al bolsillo! Los bufones de la corte siguen cumpliendo su labor, varios siglos después.
Los futbolistas hacen su agosto en España. Dinero no hay, pero si se trata de fichar al mejor jugador de la Polinesia Francesa se hace lo que sea. ¡Faltaría más! Y “cuanto más dinero cobro, más contento estoy de pertenecer a un club histórico como éste”… Vale, me gusta el fútbol, no pienso negarlo, pero… ¿es necesario pagar tanto dinero a señores cuyo único mérito es darle patadas a un trozo de cuero? Debe ser que sí, visto el caché de la famosa “ex” del torero, del hijo de la afamada folclórica o del vecino del amante del cuñado de aquel talentoso concursante de cierto concurso de televisión (que emite Tele5, ¡faltaría más!).
Y mientras tanto, la gente que realmente merece la pena, haciendo cosas que realmente valen. Porque el número 10 del equipo de fútbol no sabe de estructuras ni hormigones, ni la “ex” del torero tiene ni idea de telecomunicaciones o programación. A esos les va más la mediocridad en directo, el anonimato a medio plazo y la desgracia posterior, mientras lo nuestro es el trabajo sin hacer ruido y la satisfacción de no ser los bufones de la corte.
lunes, 14 de septiembre de 2009
El fin del mundo y otros desastres.
Se acercaba el día fatídico: el nueve del nueve del (dos mil) nueve, 9-9-9, que al revés significa el 6-6-6. Dígitos éstos que, por mucho que se empeñe Florentino, no significan sistemas válidos de juego para el Real Madrid. En cambio simbolizan el parto (por los pies, intuía yo) del Anticristo y el advenimiento del fin de los tiempos. Ya era tarde para arrepentirse. La crisis, la gripe A, la gripe B, la normal, los impuestos, el paro, el (des)gobierno de ZP... Todo eran indicios en torno a lo mismo: nos vamos a cagar la pata abajo! Todos esos pecados cometidos en tiempos de bonanza serían pagados con creces: meter en la hipoteca el DVD grabador, el coche y hasta la tele del cuarto de estar; mear fuera de la taza y echar la culpa al suegro; comprarse un Fiat cuando todo dios sabe que son una mierda; ver un especial de Ana y los 7 en el que Ramón García sale desnudo de una tarta; atropellar a aquella pobre anciana con el coche de tu padre y después darse a la fuga; votar a IU... Todo eso lo sabe Él y ahora toca resarcir el daño provocado.
Amanece el miércoles 9 del 9 del 9. El calor aprieta. Sin duda está aclimatando la ciudad para encontrarse a sus anchas. Tenía previsto acudir puntualmente el 6-6-6, pero Lucifer decidió retrasar la fecha ya que el 6 de junio de 2006 le parecía una fecha demasiado previsible y que no tendría gracia porque la gente se lo esperaría. La gente colma los intercambiadores y los vagones del Metro, presa del pánico. Yo, sin nada que temer, decido vivir a tope mis últimas horas de vida. Y como claro ejemplo de ello decido aparcar mal en un Vado Permanente, en señal de rebeldía. Y sin poner los "warnings", con dos cojones! Después me cuelo en el autobús y enfilo la calle Huertas en busca de carne fresca. Mañana hay examen... y me la suda! Total, se acaba el mundo esta noche... Jamás había incumplido tantas normas de civismo en mi vida. Mi corazón late a ritmo de Jazz. Tras cuatro copas de vodka de garrafón y 15 negativas de otras tantas mujeres el destino me sonríe en forma de rubia desinhibida y borracha. Me dice que se llama Vanessa, que tiene miedo de no sobrevivir a este día y que está sedienta de sexo. Automáticamente el soldadito iza la bandera y pregona "Aquí estoy yo" a los cuatro vientos. Las siguientes horas son confusas...
Jueves, 10 de septiembre. Madrid despierta asolada. Las máquinas quitanieves se dedican a quitar de las calles los preservativos y los restos de los botellones celebrados en honor a Lucifer y al último día en la Tierra. Los coches, las tiendas de la Milla de Oro, los Ahorramás, todos han sido saqueados. Dentro de la tienda de Hugo Boss un yonqui se está follando un maniquí. Los presentadores de la tele tienen todos los ojos rojos, barba y aliento a whisky. Tanta espectación... para nada. Satán mandó un comunicado lamentando su ausencia en los actos de ayer aduciendo un grave problema familiar, pero prometiendo volver no más tarde de 2012, como apunta una profecía azteca. Despierto rodeado de los brazos de un ser peludo que dista mucho de ser la Vanessa que conocí horas antes. Curioseo su DNI, en él aparece el nombre de Fermín Jiménez. Indignado procedo a despertarla... despertarlo... lo que sea. Me jura y perjura, con voz de camionero, que ése no es su DNI, que en realidad se llama Vanessa y que necesita unas cuchillas de afeitar urgentemente. No sé qué creer, aún me dura el ciego de anoche y hasta dudo de si estoy en mi casa, en un hospital o en una estación de autobuses.
El sol me deja completamente cegado, la cabeza me duele horrores. Miro el reloj: las 3 de la tarde! Y el examen es a las 4! Bueno, pues voy. Total: la alternativa es discutir con una persona acerca de si se llama Fermín o Vanessa. Y no me apetece absolutamente nada averiguarlo.
Son las 4. También los profesores tienen mala cara. Se reparte el primer ejercicio. Lo leo, lo releo... le doy la vuelta, vuelvo a leerlo... Descubro que anteriormente lo estaba leyendo en la posición correcta y decido volver a darle la vuelta. Muerdo un rato el bolígrafo, miro a mi alrededor y advierto que el menú del resto de la gente que hay a mi alrededor es igualmente pobre en proteínas. Se avecina un nuevo suspenso general. Un profesor impecablemente afeitado se acerca a mí, sonriente y me susurra algo así como "Vaya, parece que la de anoche no va a ser la última vez que te haya dado por culo esta semana" (no sé exactamente a qué vino semejante afirmación).
Dan las 9. Un escozor terrible atenaza la zona del recto de unos 70 alumnos. Se ha acabado el examen y las caras de estupor se suceden por doquier. Aún hay restos de botellas de Jack Daniels y profilácticos de Dúrex en el párking de la facultad. Abandonamos el lugar a toda prisa en dirección a ninguna parte. El transporte público aún no se ha restablecido tras los acontecimientos de anoche y la mayoría de carreteras de salida siguen cortadas. En el aula de exámenes resuenan unas eufóricas voces que pregonan el gran éxito que ha tenido la extensión del bulo del fin del mundo con el único objetivo de pillar a cuanta más gente mejor. Lo oigo todo desde fuera y en un acto de rabia prendo fuego a un coche... con tan mala suerte de que era el mío. Así que decido quemar unos cuantos más para que parezca obra de un pirómano y no de un gilipollas. No es 19 de marzo, pero mi mente decide que es San José y que las Fallas este año son en Ciudad Universitaria.
Hago autostop en la A-6 y logro que un camionero me acerque al precipicio más cercano... un terraplén de unos 80 cm. de altura. La espesa vegetación frustra mis débiles intentos de caer al vacío. Poco después decido intentar mi suicidio de una manera más efectiva, así pues me lanzo sin mirar a la calzada de la M-40. Resultado: en medio del atasco me doy de bruces contra un camión que está atascado en el km. 7. Me sangra la nariz pero la herida no es profunda y lograré sobrevivir. La velocidad de los coches apenas supera los 10 km/h, así es difícil provocarse la muerte. En un último intento cojo carrerilla y me tiro en plancha contra un Seat Ibiza. El atropello es espectacular, pero poco lesivo... excepto para la pobre anciana que iba al volante y que en ese instante sufrió un infarto, provocado, sin duda, por mi inesperada y brillante aparición.
Son las 12 de la mañana del día 11. Tras declarar ante el juez y alegar estrés postraumático y enajenación mental transitoria me ponen en libertad. Las cárceles están llenas de botelloneros y violadores del día 9 y no hay sitio para mí en Alcalá-Meco ni Soto del Real. La fianza es una declaración jurada de que seré un niño bueno lo que queda de semana. Pido, por favor, que me acerquen en coche a mi casa porque he perdido el abono transportes y no tengo un duro. Teniendo en cuenta el deplorable estado del país y que, de esa manera, el Cabo Ramírez se libraba así de un ratito de papeleo (que enjaretó inmediatamente al primer pringao que encontró por allí), accedieron a mi petición. Aparezco en casa ganándome la bronca del respetable. Que qué horas son éstas de llegar, que si te crees que esto es un hostal, que qué es ese piercing en forma de limpiaparabrisas que tienes en el mentón y demás reproches pueblan la conversación a la hora de comer. Respondo con evasivas que solamente quiero ver a la Selección de basket tranquilamente. Pongo laSexta. España vuelve a pinchar. Normal, el árbitro celebraba cada canasta de Turquía al grito de "Alá es grande, los pecadores de occidente serán castigados!!". Al final 63-60, con canasta final de un señor de la grada que saltó al campo robándole la pelota a Gasol. Scariolo no daba crédito pero los árbitros decidieron que era el designio del Señor y que el resultado se quedaba así. Decido salir a cenar por ahí con los pocos amigos que me quedan en libertad condicional.
THE END.
Nota del autor: Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o eso creo...
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