viernes, 25 de septiembre de 2009

Paísss (Parafraseando a Forges)

Martes, 22 de septiembre. He vuelto a fracasar. A 100 metros de la meta. Se veía venir: si lo único de lo que eres capaz en un examen es poner tu nombre (y a duras penas) significa que la cosa está muy dura, como diría Nacho Vidal. Resultado: 4 aprobados y el resto, hasta unos 60 alumnos, con cara de tonto. Unos más que otros. Y yo más que los unos. Otra tropelía más que añadir a una larga lista de jugarretas (entre ellas, un par de suspensos con 4,9). El cabreo despierta.

Tras conversar con un profesor llego a la conclusión de que en realidad les importo lo mismo que un trozo de mierda en pleno centro de la Castellana. Que mejor acudir al Tribunal y que él decida si me licencio ahora o el año que viene. Siempre es mejor eso que preocuparse del alumnado y molestarse en orientarle. ¿Hacerle la vida más fácil? Ya ves tú, con lo bien que se vive en el despacho sin tener que soportar, ora a los mocosos de segundo año, ora a los números de matrícula (en ocasiones muy) por debajo del 21.000. El cabreo aumenta considerablemente.

Está bien, reconozcamos las cosas: disto mucho de ser un alumno modelo. Unas veces por incompatibilidad de horarios y otras porque la carne es débil y sucumbe fácilmente. Pero el esfuerzo está ahí y nadie puede negarlo. Podría haber hecho más por un lado, pero posiblemente me condenaría por el otro (hágase el símil siguiente: tratar de taparse con una manta pequeña; si te tapas la cabeza no te llega a cubrir los pies y viceversa). Y yo no soy uno de esos cerebritos que avanzan a curso por año o que acaban en 7 u 8 años, especímenes estos bastante raros de encontrar, por otra parte. Y para colmo, vivo a 45 minutos de cualquier parte, por lo que cualquier esfuerzo suplementario implica casi 2 horas de más en el transporte público. Pero eso ellos no lo saben, y no les importa lo más mínimo. Con lo que el cabreo ya tiene dimensiones casi históricas.

Pero es normal: nadie nos valora. Somos unos desgraciados. Construimos, dirigimos, nos jugamos la cara ya desde la época universitaria, luchamos contra todo y más. Y nadie nos lo reconoce, salvo que te llames Florentino o te apellides Villar-Mir, por ejemplo. Pero nos da lo mismo. Nuestro trabajo, nuestro mérito y nuestro orgullo nos lo quedamos para nosotros. Dejemos que los focos atonten y confundan a los mediocres mientras que los demás trabajamos y sacamos las castañas del fuego.

Asistamos, pues, al lamentable espectáculo que presenta nuestro amado país. La clase dirigente pierde la vergüenza al ritmo que se pierden los empleos. Algunos dan clases de política internacional y se olvidan que tienen lo nacional hecho unos zorros. La oposición culpa al gobierno, éste a la crisis, ah no, que no hay crisis, pues la culpa es de la oposición. Finalmente se decide que la culpa sea de las nubes por no llover todo lo que debían y todos hozan y se revuelcan de alegría en su propia charca. Antes muerto que abandonar el sillón, escaño o cualquier otro artefacto que dote de notoriedad.

Sigue considerándose “Fiesta Nacional” coger a un toro y atravesarlo con lanzas y/o apalearlo hasta la muerte. O prenderle fuego a las astas y echar a correr delante de sus narices. Si eso lo hiciéramos con perros o gatos, seguro que pensaríamos que es una atrocidad, pero como es un toro y “total, si no es en el campo, lo iban a matar en una plaza”, pues da lo mismo. “Si los crían para eso”, grita un intelectual con boina. ¿Seguro que el toro no preferiría aparearse regularmente con una vaca y comer pasto hasta reventar?, me pregunto yo.

Y con tanto nivel intelectual es normal que afloren personalidades de tercera con sueldos de primera. Ahora la heroína es una señora que en su día se la chupó a un torero y lleva viviendo de ello desde entonces. ¿Estudios? No, gracias. Con los modales más exquisitos que se hayan exhibido nunca demuestra a todo el que ve Tele5 que ella no es una amante despechada mientras los intelectuales con los que comparte plató apoyan sus argumentos con refinadas sentencias. Alguien llama “hijo de puta” a un tercero, se responde con un sonoro “pedazo de mierda”, dos se levantan y se castigan el costado a base de puñetazos y patadas, todos gritan como simios en celo y los dirigentes de la telebasura se frotan las manos. ¡Otro puntito de “share” al bolsillo! Los bufones de la corte siguen cumpliendo su labor, varios siglos después.

Los futbolistas hacen su agosto en España. Dinero no hay, pero si se trata de fichar al mejor jugador de la Polinesia Francesa se hace lo que sea. ¡Faltaría más! Y “cuanto más dinero cobro, más contento estoy de pertenecer a un club histórico como éste”… Vale, me gusta el fútbol, no pienso negarlo, pero… ¿es necesario pagar tanto dinero a señores cuyo único mérito es darle patadas a un trozo de cuero? Debe ser que sí, visto el caché de la famosa “ex” del torero, del hijo de la afamada folclórica o del vecino del amante del cuñado de aquel talentoso concursante de cierto concurso de televisión (que emite Tele5, ¡faltaría más!).

Y mientras tanto, la gente que realmente merece la pena, haciendo cosas que realmente valen. Porque el número 10 del equipo de fútbol no sabe de estructuras ni hormigones, ni la “ex” del torero tiene ni idea de telecomunicaciones o programación. A esos les va más la mediocridad en directo, el anonimato a medio plazo y la desgracia posterior, mientras lo nuestro es el trabajo sin hacer ruido y la satisfacción de no ser los bufones de la corte.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El fin del mundo y otros desastres.

No se hablaba de otra cosa en la calle. Se acercaba el final. Era el apocalipsis. La gente oraba por sus almas y buscaba refugio en catedrales, sinagogas, mezquitas... e incluso pagodas, por más que el camarero del restaurante chino se empeñase en explicar a todos esos pecadores que El Buda Feliz no contemplaba por el momento oficiar misas religiosas y sí menús a domicilio por 6 €.

Se acercaba el día fatídico: el nueve del nueve del (dos mil) nueve, 9-9-9, que al revés significa el 6-6-6. Dígitos éstos que, por mucho que se empeñe Florentino, no significan sistemas válidos de juego para el Real Madrid. En cambio simbolizan el parto (por los pies, intuía yo) del Anticristo y el advenimiento del fin de los tiempos. Ya era tarde para arrepentirse. La crisis, la gripe A, la gripe B, la normal, los impuestos, el paro, el (des)gobierno de ZP... Todo eran indicios en torno a lo mismo: nos vamos a cagar la pata abajo! Todos esos pecados cometidos en tiempos de bonanza serían pagados con creces: meter en la hipoteca el DVD grabador, el coche y hasta la tele del cuarto de estar; mear fuera de la taza y echar la culpa al suegro; comprarse un Fiat cuando todo dios sabe que son una mierda; ver un especial de Ana y los 7 en el que Ramón García sale desnudo de una tarta; atropellar a aquella pobre anciana con el coche de tu padre y después darse a la fuga; votar a IU... Todo eso lo sabe Él y ahora toca resarcir el daño provocado.

Amanece el miércoles 9 del 9 del 9. El calor aprieta. Sin duda está aclimatando la ciudad para encontrarse a sus anchas. Tenía previsto acudir puntualmente el 6-6-6, pero Lucifer decidió retrasar la fecha ya que el 6 de junio de 2006 le parecía una fecha demasiado previsible y que no tendría gracia porque la gente se lo esperaría. La gente colma los intercambiadores y los vagones del Metro, presa del pánico. Yo, sin nada que temer, decido vivir a tope mis últimas horas de vida. Y como claro ejemplo de ello decido aparcar mal en un Vado Permanente, en señal de rebeldía. Y sin poner los "warnings", con dos cojones! Después me cuelo en el autobús y enfilo la calle Huertas en busca de carne fresca. Mañana hay examen... y me la suda! Total, se acaba el mundo esta noche... Jamás había incumplido tantas normas de civismo en mi vida. Mi corazón late a ritmo de Jazz. Tras cuatro copas de vodka de garrafón y 15 negativas de otras tantas mujeres el destino me sonríe en forma de rubia desinhibida y borracha. Me dice que se llama Vanessa, que tiene miedo de no sobrevivir a este día y que está sedienta de sexo. Automáticamente el soldadito iza la bandera y pregona "Aquí estoy yo" a los cuatro vientos. Las siguientes horas son confusas...

Jueves, 10 de septiembre. Madrid despierta asolada. Las máquinas quitanieves se dedican a quitar de las calles los preservativos y los restos de los botellones celebrados en honor a Lucifer y al último día en la Tierra. Los coches, las tiendas de la Milla de Oro, los Ahorramás, todos han sido saqueados. Dentro de la tienda de Hugo Boss un yonqui se está follando un maniquí. Los presentadores de la tele tienen todos los ojos rojos, barba y aliento a whisky. Tanta espectación... para nada. Satán mandó un comunicado lamentando su ausencia en los actos de ayer aduciendo un grave problema familiar, pero prometiendo volver no más tarde de 2012, como apunta una profecía azteca. Despierto rodeado de los brazos de un ser peludo que dista mucho de ser la Vanessa que conocí horas antes. Curioseo su DNI, en él aparece el nombre de Fermín Jiménez. Indignado procedo a despertarla... despertarlo... lo que sea. Me jura y perjura, con voz de camionero, que ése no es su DNI, que en realidad se llama Vanessa y que necesita unas cuchillas de afeitar urgentemente. No sé qué creer, aún me dura el ciego de anoche y hasta dudo de si estoy en mi casa, en un hospital o en una estación de autobuses.

El sol me deja completamente cegado, la cabeza me duele horrores. Miro el reloj: las 3 de la tarde! Y el examen es a las 4! Bueno, pues voy. Total: la alternativa es discutir con una persona acerca de si se llama Fermín o Vanessa. Y no me apetece absolutamente nada averiguarlo.

Son las 4. También los profesores tienen mala cara. Se reparte el primer ejercicio. Lo leo, lo releo... le doy la vuelta, vuelvo a leerlo... Descubro que anteriormente lo estaba leyendo en la posición correcta y decido volver a darle la vuelta. Muerdo un rato el bolígrafo, miro a mi alrededor y advierto que el menú del resto de la gente que hay a mi alrededor es igualmente pobre en proteínas. Se avecina un nuevo suspenso general. Un profesor impecablemente afeitado se acerca a mí, sonriente y me susurra algo así como "Vaya, parece que la de anoche no va a ser la última vez que te haya dado por culo esta semana" (no sé exactamente a qué vino semejante afirmación).

Dan las 9. Un escozor terrible atenaza la zona del recto de unos 70 alumnos. Se ha acabado el examen y las caras de estupor se suceden por doquier. Aún hay restos de botellas de Jack Daniels y profilácticos de Dúrex en el párking de la facultad. Abandonamos el lugar a toda prisa en dirección a ninguna parte. El transporte público aún no se ha restablecido tras los acontecimientos de anoche y la mayoría de carreteras de salida siguen cortadas. En el aula de exámenes resuenan unas eufóricas voces que pregonan el gran éxito que ha tenido la extensión del bulo del fin del mundo con el único objetivo de pillar a cuanta más gente mejor. Lo oigo todo desde fuera y en un acto de rabia prendo fuego a un coche... con tan mala suerte de que era el mío. Así que decido quemar unos cuantos más para que parezca obra de un pirómano y no de un gilipollas. No es 19 de marzo, pero mi mente decide que es San José y que las Fallas este año son en Ciudad Universitaria.

Hago autostop en la A-6 y logro que un camionero me acerque al precipicio más cercano... un terraplén de unos 80 cm. de altura. La espesa vegetación frustra mis débiles intentos de caer al vacío. Poco después decido intentar mi suicidio de una manera más efectiva, así pues me lanzo sin mirar a la calzada de la M-40. Resultado: en medio del atasco me doy de bruces contra un camión que está atascado en el km. 7. Me sangra la nariz pero la herida no es profunda y lograré sobrevivir. La velocidad de los coches apenas supera los 10 km/h, así es difícil provocarse la muerte. En un último intento cojo carrerilla y me tiro en plancha contra un Seat Ibiza. El atropello es espectacular, pero poco lesivo... excepto para la pobre anciana que iba al volante y que en ese instante sufrió un infarto, provocado, sin duda, por mi inesperada y brillante aparición.

Son las 12 de la mañana del día 11. Tras declarar ante el juez y alegar estrés postraumático y enajenación mental transitoria me ponen en libertad. Las cárceles están llenas de botelloneros y violadores del día 9 y no hay sitio para mí en Alcalá-Meco ni Soto del Real. La fianza es una declaración jurada de que seré un niño bueno lo que queda de semana. Pido, por favor, que me acerquen en coche a mi casa porque he perdido el abono transportes y no tengo un duro. Teniendo en cuenta el deplorable estado del país y que, de esa manera, el Cabo Ramírez se libraba así de un ratito de papeleo (que enjaretó inmediatamente al primer pringao que encontró por allí), accedieron a mi petición. Aparezco en casa ganándome la bronca del respetable. Que qué horas son éstas de llegar, que si te crees que esto es un hostal, que qué es ese piercing en forma de limpiaparabrisas que tienes en el mentón y demás reproches pueblan la conversación a la hora de comer. Respondo con evasivas que solamente quiero ver a la Selección de basket tranquilamente. Pongo laSexta. España vuelve a pinchar. Normal, el árbitro celebraba cada canasta de Turquía al grito de "Alá es grande, los pecadores de occidente serán castigados!!". Al final 63-60, con canasta final de un señor de la grada que saltó al campo robándole la pelota a Gasol. Scariolo no daba crédito pero los árbitros decidieron que era el designio del Señor y que el resultado se quedaba así. Decido salir a cenar por ahí con los pocos amigos que me quedan en libertad condicional.

THE END.

Nota del autor: Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o eso creo...

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jueves, 13 de agosto de 2009

Agosto, mujeres y demás conspiraciones.

Jueves, 30 de julio. David, Saxete y yo dispuestos a quemar kilómetros a cascoporro. Todo está listo: depósito lleno, CD arreglado, A-3 despejada, ni una nube. Devoramos sendos bocadillos de lomo con tomate. Suena el teléfono. Dos amigas. Dos fichajes recientes. Que quieren venirse a Gandía con nosotros. Que nos pagan el gasoil. Pero que "mañana" trabajan y que "ahora" no pueden salir de Madrid. Maldición! Por qué no habré apurado un día más la salida? Ya era tarde para abortar el despegue. Salimos con la promesa de vernos en Gandía, pero una semana más tarde. Una semana más tarde, ni rastro de ellas. Semper 0 - Agosto 1.

Lunes, 3 de agosto. Madrid recibe al mes de vacaciones por excelencia. Los presentadores suplentes aprovechan su oportunidad; la radio y la tele se llenan de becarios. El autobús recibe a sus ocupantes con una grata noticia: hay asientos de sobra. Hasta la banda magnética del Abono B2 decide tomárselo con calma, empeñándose en no consumar el acto con "la maquinita esa que pica el billete" (o canceladora para los amigos). El eterno atasco de la A-2 rebaja sus pretensiones, sabedor de que cuando el calor aprieta su clientela cambia de hábitos y de numeración. Sólo la M-40 se resiste a lo inevitable y proporciona temas de conversación a los periodistas que cubren la información del tráfico en la DGT, también becarios la mayoría.

Cual funcionario decido bajar a tomar mi desayuno, religiosamente, como todas las mañanas a eso de las 11 AM. Bajo al bar de debajo... cerrado por vacaciones hasta el 31. Cruzo al de enfrente... cerrado por obras hasta septiembre. Maldición! Acaba de empezar el mes y ya me están poniendo la zancadilla a la hora del relax. Desesperado, el Comando B (de Becario) decide organizar una batida por los alrededores en busca de algo que echarse a la boca. Tras descartar varias cafeterías con precios aptos para mayores de 18, nos topamos con la salvación de todo Rodríguez: una tienda de alimentación regentada por un chino. Una vez más la civilización asiática nos vuelve a salvar el pellejo. Primero fue el bajón del precio del acero, después el fútbol gratis por p2p y ahora es nuestra subsistencia diaria. Semper 1 - Agosto 1.

Lunes, 10 de agosto. Lisbeth Salander terminó sus peripecias 48 horas antes. Xabi Alonso ya es madridista, 30 millones de € más tarde. Tras varios dimes y diretes entre masas de aire frío y caliente, amanece. Hace fresco! La M-40 capitula, ella también se rinde a la evidencia: no hay almas suficientes a las que torturar con un atasco de 18 km entre Vallecas y San Fernando dirección A-2. El autobús viene más tarde de lo normal. El estrés, las prisas y demás demonios de las congestiones están a 400 km. de distancia. Ahora la lucha no es por aparcar en la puta puerta de la oficina antes de que llegue Ramírez y nos quite tan preciado tesoro, ahora sirve para decidir quién se queda con el último centímetro cuadrado que queda en primera línea de playa. A eso le llamo yo "llevarse el trabajo a casa". Solamente unos pocos privilegiados tenemos el placer de experimentar las sensaciones de un trayecto Torrejón-Av. América sin retenciones un lunes por la mañana.

El Intercambiador de Av. América nos recibe como siempre: calor, calor y más calor. Y una avería en la escalera mecánica que obliga a dar un rodeo a la gente, con el resultado de varios choques laterales y varios heridos de diferente consideración. Todos evolucionan favorablemente. Tras evitar una colisión con 3 señoras, 5 tipos con maletas de viaje y un niño despistado me dirijo a la Línea 6, como todas las mañanas. Maldición! Obras hasta el 13 de septiembre en el tramo Cuatro Caminos-Legazpi. Servicio alternativo gratuito de autobuses para los clientes de Metro. No hay tiempo para eso, ya estoy abajo. Y por orgullo no me apetece desandar lo andado. Me dirijo a la Línea 7. Una parada. Línea 10. Otra parada. Ya he llegado. Justo a tiempo! Semper 2 - Agosto 1.

En el trayecto coincido con la morena más bella que he visto en mucho tiempo. Pelo larguísimo, negro azabache y rizado, piel morena, morenaza, piernas escandalosas, mirada penetrante... y tos de Gripe A. Nadie es perfecto! Pero ella osa asomarse al balcón de la perfección. Mañana es viernes, mañana la veré por última vez hasta el lunes. Amantes en secreto, tan secreto que ni ella lo sabrá nunca.

To be continued?

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martes, 21 de julio de 2009

Gandía 2009: del 7 al 1.

Sábado por la noche. El dichoso número uno se cruza nuevamente en mi camino. Ahora no es grave, puesto que tan sólo está en juego el euro de la partida de dardos y un poquito la honrilla ante los colegas. No hubo manera: ni apuntando al 20, ni al 18... Siempre acababa enfangado en el uno, o lo que es todavía mayor recochineo: ¡¡en el uno triple!! Ahí se me fue la partida, no hay duda.

El calor apretó de lo lindo y el paseo marítimo a mediodía parecía la cocina del infierno. Las sombrillas ejercían de invernaderos y las medusas hacían su agosto irritando al personal (mi espalda fue testigo). Ni la típica brisa marina se dignaba a aparecer, aduciendo problemas de agenda. Las sombras multiplicaron su valor por 20, las tensiones bajaban y salir a hacer deporte era prácticamente una heroicidad. Aún recuerdo el aplauso que nos brindaban desde una ventana cuando, en pleno sprint final, aparecimos por el Clot de la Mota sudando a chorros. Eran las 9.30 PM y Celsius se negaba a bajar de los 30 centígrados. ¿Dormir? Imagínate...

Afortunadamente el calor no fue la mayor sorpresa. Lo mejor: los reencuentros inesperados. Castilla y León ofrece productos de innegable calidad. Y si hablamos de mujeres, cualquier adjetivo que coloque se quedará corto. Y si vienen en packs de 2 ó 3, ¡el delirio! Vamos, que con tanta (y tan buena) compañía era imposible pasarlo mal. Chicas: una pena que os tuvierais que ir antes que yo, no os podeis imaginar lo que os eché de menos.

La Bahía sigue en su sitio, nada amenaza su liderato. Sigue siendo la noche con más tirón de la zona de marcha. No le hacen falta ni descuentos ni cuentos: con tan buen trato, música variada y camareras guapísimas barre a la competencia. Todo aderezado con camisetas, CDs, regalos, fiestas hawaianas, mexicanas, etc. ¡Nunca me cambieis! (aunque esa música no me guste especialmente).

No faltó la preceptiva partida de mus, ni la de pocha. La diferencia estriba en que ahora juego por placer y antes casi me iba la vida en ello. Será eso que la gente llama madurez. Aunque otros lo tildarían de frase típica del que no gana casi nunca. Hay un poco de ambas afirmaciones.

La colección de escusas siguió engordando. Como lo típico ya no da resultado y no es cuestión de quedar como una tía borde, ahora se recurre a fenómenos meteorológicos. Es gracioso, dio para una noche entera de risas. Jamás imaginé que la dirección del viento fuese tan determinante en una mujer, hasta el punto de recluirla en casa, por ejemplo. Eso sí: a la hora de salir de compras da igual que sople el viento o el Katrina, o caigan chuzos de punta. Eso, las de CyL no me lo hicieron.

Lisbeth Salander empezó a convertirse en compañera inseparable de las mañanas y de algunas tardes. Protagonista enigmático e incluso anti-erótico de una trilogía con tintes muy oscuros (Millennium). Sus aventuras y desventuras son adictivas. Suecia, país que tan civilizado (e incluso aburrido) nos parece también tiene lo suyo. Al final la Península tampoco va a estar tan mal y en todas partes cuecen habas. Más de Suecia: estrenábamos TDT y en Teledeporte echaban un torneo de tenis... en Suecia. Es curioso, una casualidad, caprichos del destino.

Resumiendo: fue la semana del "1", aunque la hora de llegada a casa casi nunca bajaba de las "3". La semana en que el punto de mira no estaba en su plenitud. La semana en la que descubrí que lo que menos importa es facilitarle la vida a los alumnos. La semana en la que mejor rodeado he estado en mucho tiempo. La semana de algunas sinceraciones. La semana de la desconexión. De la muerte y redención. De pies quemados por el sol. De oportunidades quemadas por la "lucidez" de ciertos personajes avinagrados. De grasas quemadas por el deporte bajo el calor húmedo...

Y ya de vuelta, la semana en la que recordé que de cualquier cosa, por negativa que sea, se puede sacar una parte positiva. ¡Jódete, personajillo!

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martes, 7 de julio de 2009

¡Qué injusto es el fútbol!

Corría el minuto 92 de partido. Todos en el estadio se las prometían muy felices. El equipo local había dado un recital de buen fútbol, organización y saber estar. Nunca se rindió, en ningún momento, nunca se amedrentó frente a un rival tremendamente peligroso.

El partido empezaba realmente mal. Los visitantes marcaban sendos golazos gracias a dos acciones aisladas al poco de empezar el partido. Newton y Euler martirizaron a la defensa rival con sus ecuaciones, sus teoremas y sus complicadas geometrías. Quien más quien menos se echaba las manos a la cabeza pensando en la que le podía caer al equipo de casa.

Pero los locales reaccionaron con rapidez e incluso brillantez. Comenzaron a tocar el balón con calma, a abrir las bandas, a no desesperarse y a buscar los huecos entre líneas. El 1-2 mediada la primera parte hizo respirar a todo el estadio y de repente todos confiaban en que era posible hacer una machada. Pronto la Resistencia que ofrecían los visitantes se fue debilitando, incapaz de detener las acometidas de unos rivales envalentonados. El 2-2 llegó antes del descanso. Rivas y Gardeta establecían la igualada en el electrónico, un empate totalmente merecido dadas las circunstancias aunque todos creían merecer ya el ir ganando.

En la segunda mitad siguió la misma tónica: los locales cada vez más convencidos iban al ataque con total determinación. El portero visitante se convirtió en el mejor de los 22 sobre el campo. Los visitantes apenas inquietaban el marco del portero local, salvo ligeros escarceos. El 3-2 era cuestión de tiempo.

Y se obró el milagro. Poco antes de llegar al tiempo de descuento Gardeta, a centro medido de Melis, establecía el 3-2. El marcador era corto, pero al menos parecía que se iba a hacer justicia. Nadie se lo podía creer: 10 años después los locales podrían volver a disfrutar de una victoria frente al eterno rival, y en el partido más importante de los últimos años: una final de Copa, nada menos.

Pero el fútbol no entiende de justicia ni mierdas similares. Puedes haber hecho el esfuerzo del siglo y el partido de tu vida y da lo mismo: un centro a la desesperada, un pelotazo a lo loco, minuto 92, el defensa se come el balón, Lagrange se planta solo frente al portero, le plantea unas ecuaciones imposibles de resolver y...

3-3. Todo el esfuerzo y toda la determinación se van por el retrete. Un esfuerzo titánico, un fútbol brillante... para solamente forzar una prórroga, si no lo remedia otro milagro de signo contrario. El estadio se ha quedado mudo, nadie puede creerlo: se ha rozado el Título con los dedos. Pero el fútbol es así de cruel.

Minuto 92. ¡Maldito minuto 92! Pero el árbitro ha añadido 4 minutos, o sea, que antes de la prórroga aún nos queda una última jugada. Y en esas estamos. Sacamos una falta, el balón lo rechaza la defensa por parte de Goicolea, queda suelto y...

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jueves, 2 de julio de 2009

Caosterdam

Finalmente la amenaza que planeaba sobre las (rubias) cabezas de las holandesas se hicieron efectivas. Dos ejemplares de la ganadería Ardoz salieron al ruedo dispuestos a merendarse la ciudad. Y bien que se la merendaron... eso sí, después de pagar el agua a 3 € el medio litro y los menús todos muy por encima de los 15 por cabeza.

Es lo que tiene Centroeuropa: que el nivel de vida está muy por encima del nuestro. Así que había que buscarse (y bien) la vida para no dejarse un dineral en cosas tan básicas como, por ejemplo, ir al servicio. Porque, sí amigos, en algunos sitios cobran hasta por ir al baño. Parece una coña pero es real.

Antes de retomar el tema de las mujeres holandesas destaquemos cosas varias de Amsterdam:

- Lo más importante: no es imprescindible utilizar los pasos de cebra para pasar de un lado al otro de la calle. De hecho casi nadie los usa. Y aunque lo utilizases da lo mismo, puedes morir atropellado igualmente. Se ha de mirar mil veces antes de cruzar y a todas direcciones. Hay dos maneras fundamentales de morir en un cruce: atropellado por el tranvía o atropellado por una legión de bicicletas. Personalmente prefiero la primera, la segunda parece una muerte más lenta y, sobre todo, humillante.

- La bici es la reina indiscutible del tráfico. Allí con la bici pasa como aquí con los conductores de Mercedes y BMW: las normas de tráfico no se hicieron para ellos. Hay aparcamientos de bicis al estilo de los aparcamientos de coches en España. ¡Y se petan! Si en Amsterdam un ciclista te hace una jugarreta en un cruce te jodes, maldices para dentro y ya. Si eso mismo ocurre en Madrid, falta poco para que, después de una pitada de media hora, el conductor del coche "puteado" salga dando voces al pobre ciclista con cara de Vlad el Empalador. Bueno, qué tontería digo yo; usar la bici por Madrid... si eso es casi imposible!

- No existen los atascos, salvo a las afueras y si acaso. Como he dicho, la bici es la reina. Y además el sistema de tranvías es excelente: prácticamente puedes ir de punto a punto neurálgico de la ciudad en una sola línea, sin tener que tirar de transbordos. Si a esto le añadimos que no hay casi zonas de aparcamiento ni plazas de garaje en los bloques de viviendas nos da como resultado una ciudad como dios manda: limpia, sin atascos ni contaminación, donde ir con la bici a donde te salga de... es una gozada.

- Por poner un "pero": el Metro. El próximo que vuelva a quejarse de que la línea 6 de Madrid es una mierda y que los trenes son viejos que viaje en las líneas 53 y 54 de allí y que opine. (Nota: a pesar de la numeración tan elevada solamente hay 4 líneas de Metro en Amsterdam: 50, 51, 53 y 54. ¿Por qué esa numeración? ¿Y dónde se han dejado la 52?). Pero tampoco parece una falta grave por lo explicado más arriba.

- Lo más jugoso: la arquitectura de la ciudad. Sencillamente acojonante. Si usted es un apasionado de la arquitectura del Gótico en adelante, no se puede perder esta ciudad. No es una ciudad de monumentos (salvo las mujeres), pero sí de gozar con el estilo arquitectónico tan característico de la Europa Central del siglo XVII en adelante. Eso sí: abundan las iglesias con estilos que, si no son góticos, a mí me lo parecen. Nunca fui demasiado bueno en eso del Arte. Es especialmente llamativo el hecho de que algunas viviendas parecen construidas como torcidas. Da la sensación de que se van a derrumbar inmediatamente.

- Coffee shops, puticlubs, barrios gays... Una mentalidad muy abierta y moderna que contrasta fuertemente con el gran número de iglesias, casi todas protestantes (protestarán por el precio de las putas o del hachís, digo yo...), que existen en la ciudad. Lo máximo de este contraste se da paseando por la plaza de la Iglesia Vieja cuando justo enfrente de dicha Iglesia te encuentras sí o sí mujeres "de moral distraída" reclamándote detrás de los portales, proxenetas y coffee-shops a cascoporro. Hablamos del Barrio Rojo, of course. (Nota: son protestantes, lo que significa que las catedrales por dentro no tienen apenas decoración. Y aún así te clavan por entrar 7 €, lo que a simple vista es... dejémoslo en abusivo).

- El idioma: allí el oficial es el "neerlandés". Me gusta definirlo como "el idioma que hablaría un alemán si tuviera una zapatilla metida en la boca mientras habla". Sencillamente infernal. Por eso el 99% de la población habla inglés con un nivel alto o muy alto. De hecho prácticamente nadie se dirigía a nosotros en neerlandés. También es verdad que llevábamos escrita en la cara la palabra "TURISTAS".

- Y para acabar: las mujeres. Tanta bici se nota en esas piernacas tan... Y además deben alimentarse muy bien, porque casi todas miden de 1'75 para arriba. Abundan, cómo no, las rubias de ojazos claros, aunque se nota que han tenido colonias en medio mundo porque la mezcla de razas es hasta admirable. Y son muy simpáticas y abiertas (lo de abiertas va sin segundas... bueno, o con ellas). Solamente el hecho de pedirles que nos hagan una foto o nos ayuden con un vídeo para nuestra amiga Laura les pone una sonrisa en la boca y colaboran encantadas. Y lo pasan bomba. Y lo pasamos bomba con ellas. ¡Ay omá qué ricas las holandesasss...!

En fin, no os vayais de este mundo sin pasar unos días en Amsterdam. De lo contrario os arrepentireis. Sí, es un caos, con las bicis, los tranvías, los taxistas saltándose medianas para cambiar de sentido, los de las furgonetas adelantando por el carril del tranvía... Pero me encanta.

I amsterdam.

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martes, 23 de junio de 2009

Hors Categorie: toca descenso.

Telarañas por doquier. Eso es lo único que puebla en estos momentos el pequeño reducto que ocupaba Musa antes de exámenes. Se ha hecho duro, larguísimo, casi desesperanzador. Pero ya he alcanzado la cima. Nunca se me han dado bien las rampas, de ello pueden dar buena fe Diego y Balcones, que se empeñan en complicarme la vida subiendo cuestas cada vez que salimos a correr ("correr es de cobardes", me dicen en la oficina). Pero "por huevos" acabo coronando. Y esta vez no iba a ser menos.

Y ahora toca el descenso. Pero a diferencia de los Armstrong, Contador y compañía, desconozco por completo esta vertiente del puerto. No sé si hay curvas peligrosas, ni dónde. ¿Habrá gravilla en las curvas? ¿La pendiente es fuerte o es muy tendido? Tanto tiempo acabando en alto la misma etapa, todos los años, y ahora que nos cambian el recorrido... no sé lo que hay al otro lado. Pero al igual que se corona "por huevos", se baja por los mismos motivos. Realmente no hay motivación mayor para un hombre que decirle: "no hay huevos a [hacer lo que sea]", automáticamente nuestro gen "Y" despierta de su letargo y lo hacemos... "por huevos". Matemático.

Y como casi todo es nuevo para mí desde el día 22 de junio, me comí la primera curva. Menos mal que no era mala. Ya me veía renunciando a dos horas y media de vuelo pagadas desde hace casi dos meses. Afortunadamente un susto sin más. Las holandesas (o neerlandesas) no se van a librar de nosotros tan fácilmente; la amenaza sigue latente.

Otro año más las fiestas del Bronx finalizaron, con la actuación estelar que todos esperaban: no cabía un alfiler en todo el parque, los mismísimos "La esquina del no cuerdo" con Patricio Conde al frente. Delirio de quinceañeras venidas de media España para verles actuar. Arcadas y vomitonas de los novios de las quinceañeras que a duras penas podían soportar espectáculo tan dantesco. Pobres ellos, no pudieron desquitarse 24 horas después con el partido de la Selección. Obama ya tiene mano hasta en el fútbol. ¡La que está liando Zapatero! Ya ni la Selección es el refugio contra las penas, las crisis, el cambio climático y demás inventos.

Pero las fiestas en el Bronx también tienen su lado bueno, y es que se acaban... con un castillo de fuegos artificiales sencillamente espectacular. Todos los años lo anuncian como "los fuegos artificiales más espectaculares de la Comunidad de Madrid". Yo, sinceramente, no sé cómo serán los fuegos en otras partes de Madrid, pero posiblemente esa locución sea cierta. Ni en Gandía, tierra valenciana, i.e. de pólvora, son tan memorables. ¡Y ya no digamos pueblos de alrededor menos "populares" que Gandía! Adoro los fuegos artificiales (en inglés: fireworks), desde pequeño me han fascinado, lo admito.

Y mientras Florentino cierra los fichajes de Albiol, Alonso, Arbeloa y todo futbolista español que empiece por "A", Laporta mira a Madrid con inquina y envidia injustificadas e intenta la machada con Villa, la FIA se baja los pantalones (Max Mosley no tenía "más huevos") frente a los equipos, Nadal ve Wimbledon desde su sofá y se vuelve a cometer otra injusticia contra Alejandro Valverde, yo me dispongo a abrir de par en par los balcones de mi mente para limpiarla de tanta suciedad y tanto dato inútil, con objeto de que todo lo que suceda en este descenso sea absorbido e inmediatamente asumido por mi organismo. Porque nunca se sabe qué y cuándo te será útil en el futuro la más mínima cosa que te sucede hoy. Y porque, si "dios" quiere, esta semana habrá empezado el resto de mi vida.

Con permiso de Goicolea, Vareta* y demás fauna**.


*Goicolea y Vareta, entre otros, son de la Cátedra de Mecánica. Espero no tener que negociar un armisticio con ellos, pero como no creo que vaya a ser así, espero, por el bien de sus impecables coches, que se comporten como seres razonables.

**Nótese que no menciono al insigne Gardeta (nuestro monstruo favorito). Tanto miedo me inculcaron y al final lo más probable va a ser que sus asignaturas sean las menos conflictivas. Ojalá no me equivoque.

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